INTERRELACIONES DE LA VIDA DE LA PERSONALIDAD

ALICE ANN BAILEY- MAESTRO TIBETANO 

Extractos del Tratado sobre los Siete Rayos (VOLUMEN II)

 

INTERRELACIONES DE LA VIDA DE LA PERSONALIDAD

 

C. INTERRELACIONES DE LA VIDA DE LA PERSONALIDAD

Al tratar ahora el aspecto esotérico de la apropiación de los vehículos, mediante los cuales el Hijo de Dios en manifestación puede expresarse, no es posible evitar el empleo de frases simbólicas. Sin embargo, si el estudiante recordara que son simbólicas, no correrían peligro de ser mal interpretadas. La mente inteligente y analítica emplea expresiones apropiadas a fin de limitar el concepto intuido dentro de ciertos términos que pueden ser comprendidos, con lo cual las ideas abstractas son llevadas al nivel de la comprensión.

Hemos visto que se ha considerado principalmente que el alma es un centro de conciencia y los cuerpos son centros de experiencia; con este postulado sentamos las bases de nuestras futuras investigaciones sicológicas.

 

No trataremos aquí la cuestión de por qué esto es así o cómo ha sucedido. Aceptaremos que esta afirmación es básica y fundamental y nos atendremos a la premisa de que la finalidad de la vida en el mundo es obtener experiencia, porque vemos que esto sucede en todas partes y lo observamos también en nuestras propias vidas.

 

Podemos agrupar a las personas en tres tipos:

1. Las que adquieren experiencia inconscientemente, pero al mismo tiempo están tan ensimismadas en el proceso de obtener resultados de la experiencia, que no perciben los objetivos más profundos.

2. Las que perciben tenuemente que la adaptación a los modos de vivir a que están sometidas, y que al parecer no pueden evadir, significa para ellas aprender alguna lección, la cual

a. enriquece sus vidas por lo general, en sentido práctico y material,
b. intensifica su percepción sensible,
c. permite desarrollar la cualidad y adquirir continuamente características, habilidades y capacidades.

3. Las que perciben la finalidad de la experiencia y, en consecuencia, aplican en todos los casos el poder inteligente para extraer de los acontecimientos, a los cuales están sujetos, algún beneficio para la vida del alma. Han aprendido que su medio ambiente constituye el lugar de purificación y el campo del servicio que ha planeado.

Esta amplía generalización explica la razón de la experiencia humana y las consiguientes actitudes adoptadas por los tres grupos principales.

Es necesario recordar que el proceso de apropiación de los cuerpos presenta etapas similares respecto a la evolución de la forma y a la evolución de la vida que mora internamente. En el transcurso de la historia del aspecto material de la manifestación han existido (como lo enseñan los libros ocultistas) las siguientes etapas:

1. La etapa de involución o de apropiación, y la etapa de construcción de los vehículos de expresión, sobre el arco descendente, donde el énfasis se pone sobre la construcción, el crecimiento y la apropiación de los cuerpos, y no tanto sobre la Entidad consciente que mora internamente.

2. La etapa de evolución o sutilización, y la etapa de desarrollo de las cualidades, que conduce a la liberación en el arco ascendente.

 

Lo mismo ocurre en la historia sicológica del ser humano. En ellos vemos también un proceso casi similar, dividido en dos etapas que marcan la involución y la evolución de la conciencia.

Hasta ahora, en los libros ocultistas (como he indicado anteriormente), se ha hecho resaltar el desarrollo del aspecto forma de la vida, y la naturaleza y la cualidad de esa forma que responde, en distintos niveles de la vida planetaria, a los impactos del medio ambiente, en las primeras etapas, y a la impresión del alma, en las últimas. El objetivo principal de este tratado consiste en señalar el efecto que producen sobre el alma las experiencias sufridas en los cuerpos y los procesos mediante los cuales se expande el aspecto conciencia de la divinidad, culminando en lo que técnicamente se llama una iniciación. Cada una de las dos divisiones principales de este proceso de involución y evolución, puede dividirse en seis expansiones definidas de conciencia. Las que están en el arco ascendente difieren de las que están en el arco descendente, en objetivo, móvil y alcance, y son esencialmente sublimaciones de los aspectos inferiores del desarrollo de la conciencia, etapas que podrían denominarse de:

1. Apropiación
2. Aspiración
3. Acercamiento
4. Aparición
5. Actividad
6. Ambición

Cada etapa, al llegar a la máxima expresión, implica un período de crisis, crisis que tiene lugar antes de iniciarse la próxima etapa de la conciencia del hombre que va despertando. Consideramos aquí al Hombre como pensador consciente y no al hombre como miembro del cuarto reino de la naturaleza. Reflexionen sobre esta diferencia, porque determina el punto de énfasis y marca el foco de identificación.

 

 

En la primera etapa, la de apropiación, el alma o el pensador consciente (el divino Hijo de Dios o Manasaputra), realiza tres cosas:

1. Registra conscientemente el deseo de encarnar. Constituye la voluntad de existir, o de estar en el plano físico.

2. Enfoca conscientemente la atención en el proceso que implica la decisión de aparecer.

3. Da conscientemente los pasos necesarios para apropiarse de la sustancia requerida, a fin de aparecer y, en consecuencia, satisfacer el anhelo de existir.

 

Estamos familiarizados con estos procesos formulados como teorías. Las especulaciones y pronunciamientos de los instructores de todas partes en el transcurso de las épocas, nos han familiarizado con las innumerables maneras simbólicas de tratar estos temas. No es necesario extenderme sobre ello. La serie de acontecimientos involucrados, al tomar esta decisión, los consideraremos sólo desde el ángulo de la conciencia y de un definido proceso involutivo.

La segunda etapa, la de aspiración, concierne al deseo o aspiración del alma de aparecer, y hace descender la conciencia a lo que denominamos plano astral. La tendencia del alma se dirige hacia lo material. Debemos recordar este hecho. Tendemos a considerar la aspiración como la culminación, o la transmutación del deseo. Sin embargo, en último análisis, se puede decir que la aspiración es la base o raíz de todo deseo, y utilizamos la palabra deseo únicamente para significar esa aspiración que tiene un objetivo natural en la conciencia del hombre, confinando la palabra aspiración al deseo trasmutado que convierte al alma en permanente objetivo en la vida del hombre encarnado. Pero todos los aspectos del deseo son esencialmente formas de aspiración y, en el arco involutivo, la aspiración se demuestra como el deseo del alma de experimentar conscientemente los procesos que la harán consciente y dinámica en el mundo de los asuntos humanos.

Una vez lograda esta comprensión consciente y cuando el alma se ha apropiado de una forma en el plano mental, mediante la voluntad de existir, y de otra en el plano astral, mediante la aspiración, tiene lugar la tercera etapa de acercamiento en los niveles etéricos. La conciencia se enfoca allí, preparándose para la intensa crisis de aparecer, entonces tiene lugar lo que puede considerarse la concentración o reunión de todas las fuerzas de la conciencia, a fin de forzar el proceso y poder surgir a la manifestación. Es un momento trascendental en la conciencia, un período de preparación vital para un gran acontecimiento espiritual -la encarnación de un Hijo de Dios. Significa apropiarse de un cuerpo físico denso que actuará como prisión absoluta del alma, o como “una forma para la revelación”, como ha sido denominada en los casos de esos hombres evolucionados que se han revelado como Hijo de Dios.

La crisis de acercamiento es, en las diversas etapas, una de las más importantes y la menos comprendida. Será de interés para los estudiantes emprender un estudio comparativo de los acercamientos mencionados anteriormente, relacionándolos con los episodios de la historia humana que ocurren durante el período de la Luna llena de Wesak. Existe una fundamental y estrecha relación entre los acercamientos en los senderos de involución y de evolución, y también entre los del individuo y los de un grupo.

Entonces, cuando se ha consumado dicha concentración de fuerzas, durante la etapa de acercamiento, tiene lugar la etapa de aparición; entonces el hombre surge a la luz del día y recorre su pequeño ciclo en el plano físico, desarrollando una creciente sen-sibilidad en la conciencia, gracias a la experiencia obtenida en el proceso de vivir en un cuerpo físico. Después de aparecer en la forma va siendo (cada vez que aparece) más activo, ágil y despierto, intensificándose la etapa de actividad, hasta que la conciencia del hombre es arrastrada por la ambición.

El sicólogo término medio, se ocupa de estas dos etapas finales, actividad y ambición, por las que atraviesa el hombre común. Esto en sí es interesante, porque demuestra cuán poco se ocupa el sicólogo exotérico ortodoxo de la vida del verdadero hombre, el Ser pensante consciente. A las cuatro etapas del desarrollo del hombre, que están detrás de su apariencia activa en el plano físico, no se las considera en absoluto. La intensidad del proceso de acercamiento que precede a tal aparición no se tiene en cuenta, siendo, sin embargo, fundamentalmente un factor determinante.

Pero esta actividad en el plano físico y la naturaleza de su vida de deseos (que más adelante sólo se traduce en términos de ambición en sus experiencias) son factores predominantes que deben ser considerados. No podrá haber lógicamente una verdadera comprensión del hombre hasta que se acepte la teoría del renacimiento y el hombre sea estudiado precedentemente a través de su larga historia. En esta época de pensamientos y actitudes grandemente separatistas, la vida del individuo como hombre individual, separado en tiempo y espacio de todo lo que ha sucedido en el pasado y de cuanto lo rodea en la actualidad, es lo que se considera de importancia y que constituye el hombre, pero no se han ocupado de manera alguna del hombre como expresión del proceso del alma.

Tenemos así etapas sucesivas, desde la apropiación inicial en el plano mental, hasta que el hombre, en conciencia, se ha abierto camino descendiendo a través de los planos y volviendo al plano mental que lo lleva a la etapa de la coordinación de la personalidad y a una plena expresión de lo que denominamos el Rayo de la Personalidad. Esto tiene lugar una vida tras otra. Así el alma encarna una y otra vez, y conscientemente pasa por las etapas delineadas anteriormente. Pero gradualmente sobreviene un sentido más elevado de los valores; luego hay un período en que el deseo de adquirir experiencia material y de satisfacer las ambiciones de la personalidad comienza a desvanecerse; nuevos y mejores valores, y normas superiores de pensamientos y deseos empiezan a aparecer lentamente.

Después el aspecto conciencia vuelve a pasar por las etapas expuestas, pero en sentido contrario, y esta vez en el arco ascendente, que corresponde a la etapa evolutiva del gran ciclo de procesos naturales que conciernen a la vida de la forma, el cual se expande paulatinamente desde la conciencia de la ambición a través de la actividad y los posteriores desenvolvimientos, -si puede emplearse esta frase tan paradójica-

hasta la etapa de acercamiento a la divina realidad en el plano mental, y la etapa de apropiación final donde la conciencia del hombre se fusiona con la del alma en su propio nivel y, por último, se apropia del Uno en plena conciencia.

 

Cuando la conciencia del alma, encarnada en una forma humana, se da cuenta de la inutilidad de la ambición material, indica que ha obtenido una elevada etapa de integración de la personalidad, que precede a un período de cambio de actividad. Durante la segunda etapa, en el Sendero de Retorno, el cambio de la conciencia consiste en alejarse totalmente del cuerpo físico, pasando al cuerpo vital o etérico y de ahí al cuerpo astral. Allí se siente la dualidad, y tiene lugar la batalla entre los pares de opuestos. El discípulo aparece como Arjuna. Sólo después de la batalla y cuando Arjuna ha llegado a tomar decisiones definitivas puede acercarse al alma en el plano mental. Esto lo realiza cuando:

1. Comprende que constituye un alma y no una forma, lo cual implica un proceso denominado “reflejo divino”, que actúa de dos maneras; entonces el alma comienza a rechazar definitivamente a la forma y, el hombre, a través del cual el alma experimenta y se manifiesta, es a su vez rechazado por el mundo en que vive.

2. Descubre el grupo al cual pertenece, impidiendo su acercamiento hasta descubrir cómo hacerlo mediante el servicio.

3. Se identifica con el grupo que pertenece a su propio rayo, adquiriendo así el derecho de acercarse, porque ha aprendido que “no está solo”.

Luego viene esa peculiar etapa de aspiración trascendente, donde ya no desea adquirir experiencia individual y sólo anhela actuar como parte consciente del Todo mayor. Sólo entonces puede el alma consciente apropiarse del “cuerpo de luz y de esplendor, expresión y gloria del Uno”, lo cual, una vez realizado, ya no encarna en los tres mundos, excepto como un acto de voluntad espiritual. La significación de lo que antecede quizás sea difícil de comprender porque constituye uno de los misterios de una iniciación superior.

Por lo tanto, se habrán dado cuenta de que comenzamos y terminamos con una expansión de conciencia. La primera condujo a incluir el mundo material y la segunda incluye o se apropia consciente e inteligentemente, del mundo espiritual. Vemos así que la conciencia de deseos es trasmutada en aspiración por lograr las realidades espirituales y un vital y enfocado acercamiento al reino de Dios. Observamos la aparición en el plano físico de la conciencia aprisionada, limitada y confinada, para obtener un desarrollo inteligente y definido dentro de una forma evolucionante y vemos el final resurgimiento de la enriquecida y emancipada conciencia que ha obtenido en el plano mental la plena liberación que otorga la mente de Dios. También se observa la actividad consciente de la mente del hombre, expandiéndose e intensificándose lentamente hasta convertirse en la actividad de la mente iluminada, reflejando así la conciencia divina del alma. Vemos también la ambición del hombre consciente, trasformada, al principio, en la ambición espiritual del discípulo consagrado y, por último, en la expresión de la voluntad de Dios o de la Mónada, en el iniciado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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