Iniciación Humana y solar

Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul

(Alice A. Bailey)


El Señor Buda ha expresado que:

No hemos de creer en lo dicho, simplemente porque fue dicho; ni en las tradiciones, porque han sido trasmitidas desde la antigüedad; ni en los rumores; ni en los escritos de los sabios, porque han venido de ellos; ni en las fantasías, que se suponen haber sido inspiradas por un deva (es decir, una supuesta inspiración espiritual); ni en las deducciones basadas en alguna suposición casual; ni por lo que parece ser una necesidad analógica; ni por la mera autoridad de nuestros instructores o maestros, sino que hemos de creer cuando lo escrito, la doctrina o lo dicho, está corroborado por nuestra propia razón y conciencia. Por eso, enseñé a no creer lo que oyen decir, sino que, cuando lo crean conscientemente, actúen de acuerdo y plenamente.

                                        La Doctrina Secreta, T. VI. p. 49

PRÓLOGO

  El tema que se refiere a la Iniciación ejerce una gran fascinación sobre los pensadores de todas las escuelas de pensamiento, y hasta los escépticos y los dispuestos a la crítica, quisieran creer en la posibilidad de esta realización final. A quienes no creen que tal meta es posible, se les ofrece este libro por su valor y por la formulación de una interesante hipótesis. A aquellos que esperan tal consumación de todos sus esfuerzos se les ofrece este libro con la esperanza de que les sirva de inspiración y ayuda.

Los pensadores occidentales de la actualidad, sostienen una gran diversidad de puntos de vista sobre este trascendental tema. Algunos creen que no es de suficiente importancia inmediata como para merecer su debida atención, y que si el hombre común sigue el sendero del deber y le presta atención a todos sus problemas, con mente elevada, llegará a destino. Sin duda alguna esto es verdad; no obstante, a medida que la capacidad de servir acrecentadamente y el desarrollo de los poderes que deben emplearse para ayudar a la raza, constituyan la recompensa del hombre dispuesto a realizar el mayor esfuerzo y a pagar el precio que demanda la iniciación, quizás este libro sirva a alguien de acicate para la realización, que de otro modo hubiera ido hacia su meta lentamente y a la deriva. Así llega a ser dador y no el que recibe ayuda.

Otros consideran errónea la enseñanza expuesta en los distintos libros que tratan el tema de la iniciación. La iniciación ha sido presentada como algo fácil de lograr y que no exige tal rectitud de carácter como se ha creído. Los siguientes capítulos demostrarán que la crítica no es inmerecida. La iniciación es muy difícil de lograr; exige la estricta disciplina de la entera naturaleza inferior y una vida de renunciamiento y de abnegada devoción. También debe tenerse presente que la enseñanza primitiva es correcta en su esencia,. aunque empequeñecida en su interpretación.

Aún hay quienes se interesan en ello, pero consideran que las posibilidades implicadas son demasiado avanzadas para ellos y que no deben tratarlas en esta etapa de su evolución. Este libro intenta poner de manifiesto que aquí y ahora, el hombre común puede comenzar a desarrollar el carácter y sentar las bases del conocimiento necesario para obtener la debida preparación, antes de poder hollar el sendero del discipulado. En esta forma todos los hombres y mujeres, si lo desean, pueden recorrer el sendero de probación a fin de prepararse para el discipulado.

Centenares de personas, en Oriente y Occidente, avanzan hacia esta meta y en la unidad del único ideal, en común esfuerzo y aspiración, se reunirán ante el único portal. Entonces se reconocerán como hermanos, separados sólo por el idioma y la aparente diversidad de creencias, pero teniendo fundamentalmente la misma y única verdad y sirviendo al mismo Dios.

ALICE  A. BAILEY

New York, 1922.

 

 

 

RESUMEN DE UNA DECLARACIÓN HECHA POR

EL TIBETANO

PUBLICADA EN AGOSTO DE 1934

Solamente diré que soy un discípulo tibetano de cierto grado; esto puede significar muy poco para ustedes, porque todos son discípulos, desde el aspirante más humilde hasta más allá del Cristo Mismo. Tengo cuerpo físico lo mismo que todos los hombres; resido en los confines del Tíbet y, a veces (desde el punto de vista exotérico), cuando me lo permiten mis obligaciones, presido un grupo numeroso de lamas tibetanos. A esto se debe la difusión de que soy un abad de ese monasterio lamásico. Aquellos que están asociados conmigo en el trabajo de la Jerarquía (todos los verdaderos discípulos están unidos en este trabajo) me conocen también con otro nombre y cargo. A, A. B. conoce dos de mis nombres.

Soy un hermano que ha andado un poco más por el sendero y, por consiguiente, tengo más responsabilidades que el estudiante común. He luchado y me he abierto camino hacia la luz y logrado mayor cantidad de luz que el aspirante que leerá este artículo, por lo tanto, tengo que actuar como transmisor de luz, cueste lo que cueste. No soy un hombre viejo, con respecto a lo que la edad puede significar en un instructor, ni tampoco soy joven e inexperto. Mi trabajo consiste en enseñar y difundir el conocimiento de la Sabiduría Eterna donde quiera que encuentre respuesta, y esto lo he estado haciendo durante muchos años. Trato también de ayudar a los Maestros M. y K. H. en todo momento, porque estoy relacionado con Ellos y Su trabajo. Lo expuesto hasta aquí encierra mucho, pero no les digo nada que pueda inducirles a ofrecerme esa ciega obediencia y tonta devoción que el aspirante emocional brinda al Gurú y Maestro con el que aún no está en condiciones de tomar contacto, ni puede lograrlo hasta tanto no haya trasmutado la devoción emocional en desinteresado servicio a: la humanidad, no al Maestro.

No espero que sean aceptados los libros que he escrito. Pueden o no ser exactos, correctos y útiles. El lector puede comprobar su verdad mediante la práctica y el ejercicio de la intuición. Ni A. A. B. ni yo, tenemos interés en que se los considere como que han sido inspirados, ni tampoco que se diga misteriosamente que son el trabajo de uno de los Maestros.

       Si estos libros presentan la verdad de tal manera que pueda considerarse como la continuación de las enseñanzas impartidas en el mundo, y si la instrucción suministrada eleva la aspiración y la voluntad de servir desde el plano de las emociones al plano mental (el plano donde pueden hallarse los Maestros), entonces estos libros habrán cumplido su propósito. Si la enseñanza impartida encuentra eco en la mente iluminada del trabajador mundial y si despierta su intuición, entonces acéptense tales enseñanzas.

Si estas afirmaciones son comprobadas oportunamente y consideradas como verdaderas bajo la prueba de la Ley de Correspondencias, muy bien, pero si esto no es así, no se acepte lo expuesto.

 

CAPÍTULO I

OBSERVACIONES PRELIMINARES

Antes de entrar a tratar el tema referente a la Iniciación, a los Senderos que se abren ante el hombre perfecto y a la Jerarquía oculta, deben hacerse algunas observaciones esenciales para un concienzudo estudio y comprensión de las ideas presentadas.

Debemos reconocer que en este libro se afirman hechos y se hacen declaraciones definidas, que no son susceptibles de comprobación inmediata por parte del lector. Para evitar la creencia de que la autora se adjudica autoridad y prestigio por el conocimiento expresado, ella rechaza rotundamente tales pretensiones y no puede hacer otra cosa que presentar estas afirmaciones como temas de facto. Sin embargo, pide encarecidamente a quienes encuentren algún mérito en estas páginas, no los sorprenda si existe un cierto aparente dogmatismo en la presentación. La imperfecta personalidad de la autora no debe ser un impedimento para considerar con mente abierta el mensaje en que aparece su nombre. En las, cuestiones espirituales, nombres, personalidades y la opinión externa autorizada, son de poca importancia. Constituyen de por sí, sólo una guía segura que garantiza el reconocimiento y la orientación internos. Por lo tanto, no tiene mayor importancia si el lector recibe el mensaje de estas páginas como un llamado espiritual en un escenario idealista, como una afirmación de hechos supuestos o una teoría desarrollada por un estudiante y presentada a la consideración de sus condiscípulos. Se brinda a todos por la respuesta interna que pueda evocar y la luz o inspiración que pueda traer.

En estos días de desintegración de viejas formas y construcción de nuevas, es muy necesaria la adaptabilidad. Debemos evitar el peligro de la cristalización, por medio de la flexibilidad y la expansión. El "viejo orden de cosas, cambia", pero primordialmente es un cambio de dimensiones y de aspecto y no básico o material. Los fundamentos han sido' siempre verdaderos. A cada generación le corresponde conservar los rasgos esenciales de la vieja y querida forma, a la vez que ampliarla y enriquecerla inteligentemente. Cada ciclo debe aportar lo adquirido mediante las investigaciones y los esfuerzos científicos, y sustraer lo inútil y decadente. Cada era debe construir con el producto y los triunfos de ese período y desechar las acumulaciones del pasado que tienden a hacer borrosos e indefinibles los contornos. A cada generación se le proporciona el gozo de demostrar, sobre todo, la fuerza de las antiguas bases y la oportunidad de construir sobre ellas una estructura que satisfará las necesidades de la vida interna en evolución.

Las ideas aquí desarrolladas están corroboradas por ciertos hechos, expuestos en la actual literatura esotérica, y son tres:

  1. En la creación del sol y de los siete planetas sagrados que componen nuestro sistema solar, nuestro Logos empleó materia impregnada de cualidades determinadas. Annie Besant, en su libro "Avatares" (que algunos de nosotros consideramos el más valioso de todos los que ha escrito por ser uno de los más sugestivos), afirma que “nuestro sistema solar está construido con materia ya existente, dotada de ciertas propiedades....". Por lo tanto, se deduce que dicha materia contenía latente determinadas propiedades que fueron obligadas a manifestarse de un modo peculiar, de acuerdo a la ley de Causa y Efecto, como sucede con todo en el universo.
  1. Toda manifestación es de naturaleza septenaria y la luz central denominada Deidad, el Rayo Uno de la divinidad, se manifiesta primero como triplicidad y después como septenario. El Dios Uno brilla como Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, reflejados a su vez en los Siete Espíritus ante el Trono, los siete Logos planetarios. Los estudiantes esoteristas de origen no cristiano quizás denominen a estos Seres el Rayo Uno, que se manifiesta a través de los tres rayos mayores y los cuatro menores, formando un septenario divino. El Rayo Sintético que fusiona a todos es el gran Rayo de Amor. Sabiduría, pues en verdad "Dios es Amor". Éste es el rayo índigo, el rayo fusionador, que al final del gran ciclo absorberá a todos los demás, cuando se obtenga la perfección sintética. También es la manifestación del segundo aspecto de la vida logoica. Este aspecto, el de constructor de la forma, hace de nuestro sistema solar el más concreto de los tres sistemas mayores. El aspecto Amor-Sabiduría se manifiesta mediante la construcción de la forma, y como "Dios es Amor", en el Dios de Amor "vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser" y así será hasta el fin de la manifestación de los eones.
  1. Los siete planos de Manifestación Divina, o siete planos mayores de nuestro sistema, constituyen los siete subplanos del plano cósmico inferior. Los siete rayos de que tanto se habla y que encierran tanto interés y misterio, son análogamente los siete subrayos de un rayo cósmico. Las doce Jerarquías creadoras son ramas subsidiarias de una Jerarquía cósmica. Forman sólo un acorde de la sinfonía cósmica. Cuando el séptuple acorde cósmico, del que somos humilde parte, resuene en sintética perfección, sólo entonces se comprenderán las palabras del libro de Job: "Las estrellas matutinas cantaban al unísono". La disonancia aún resuena y la discordia surge de muchos sistemas; pero con la sucesión de los eones surgirá una armonía ordenada y alboreará el día en que (si nos atrevemos a hablar de las eternidades en términos de tiempo) el sonido del universo perfecto resonará hasta los lejanos confines de la más remota constelación. Entonces se conocerá el misterio del "canto nupcial de los cielos".

Se sugiere al lector que recuerde y valore ciertas ideas, antes de emprender el estudio de la Iniciación. Debido a la extrema complejidad del tema sólo es factible obtener una idea del esquema general, de ahí la inutilidad del dogmatismo. Lo único que podemos hacer es sentir una fracción de algún todo maravilloso, más allá del alcance de nuestra conciencia, un todo que sólo el Ángel más excelso o Ser más perfecto, recién comienza a comprender. Cuando se reconozca que el hombre común sólo ha sido hasta ahora plenamente consciente en el plano físico, semiconsciente en el emocional y comienza a desarrollar la conciencia en el plano mental, se evidenciará que su comprensión de las informaciones cósmicas sólo puede ser rudimentaria. Cuando se conozca también que ser consciente en un plano y ejercer control en él, son dos cosas completamente distintas, será evidente que es remota la posibilidad de conocer algo más de la tendencia general del esquema cósmico.

Además, se deberá reconocer que el peligro reside en el dogma y en el hermetismo de los libros de texto y que la seguridad otorga flexibilidad al cambiante punto de vista. Por ejemplo, un hecho, desde el punto de vista de la humanidad (empleando la palabra hecho en, sentido científico, como algo demostrado y comprobado más allá de toda duda y controversia), puede no ser un hecho desde el punto de vista de un Maestro. Para Él, puede ser tan sólo parte de un hecho mayor, la fracción de un todo. Puesto que su visión abarca la cuarta y la quinta dimensión, el conocimiento sobre el lugar que ocupa el tiempo en la eternidad debe ser más exacto que el nuestro. Vé las cosas desde arriba, como si el tiempo no existiera para Él.

En la mente del Logos o Deidad de nuestro sistema solar, existe un inexplicable principio de mutación, que rige todas Sus acciones. No vemos nada más que las formas siempre mutables, y captamos en ellas vislumbres de la vida en constante evolución,  pero no conocemos aún el principio que actúa a través del variante caleidoscopio de los sistemas solares, rayos, jerarquías, planetas, planos, esquemas, rondas, razas y subrazas. Todos se entretejen, entrelazan e interpenetran, asombrándonos el maravilloso diseño que se despliega ante nosotros. Sabemos que en alguna parte de ese esquema, nosotros, la jerarquía humana, tenemos nuestro lugar. En consecuencia, todo lo que podemos hacer es aprovechar la oportunidad que nos presenta nuestro bienestar y nuestra propia evolución, además de lo que proviene del estudio del ser humano en los tres mundos, tratando de esa manera de comprender parcialmente el macrocosmos. No sabemos cómo el Uno puede convertirse en los tres, los tres en los siete y así sucesivamente, hasta inconcebibles diferenciaciones. Para la visión humana, este entrelazamiento del sistema encierra una complejidad inimaginable, cuya clave ni siquiera se vislumbra. Desde el punto de vista de un Maestro, todo prosigue en ordenada secuencia. Desde el punto de vista de la visión divina, el todo se mueve armónicamente al unísono, produciendo una forma geométricamente exacta. Browing había logrado parte de la verdad cuando escribió:

"Todo es cambio, pero también permanencia..." y continuó:

        "La verdad interna y la verdad externa, verdad también, y, entre ambas, la falsedad que es cambio, así como la verdad es permanencia".

       "La verdad toma sucesivas formas en un grado mayor a su última presentación...".

       Debe recordarse también que más allá de cierto punto no es conveniente ni prudente dar información sobre los hechos del sistema solar. Mucho debe permanecer esotérico y velado. Los riesgos que trae el conocimiento excesivo son mucho más grandes que la amenaza del poco conocimiento. Con el conocimiento viene la responsabilidad y el poder ‑dos cosas para las cuales la raza no está aún preparada. Por lo tanto, todo lo que podemos hacer es estudiar y correlacionar, aplicando la sabiduría y la discreción que poseamos, utilizando el conocimiento adquirido en bien de quienes tratamos de ayudar y reconociendo que el empleo inteligente del conocimiento acrecienta la capacidad para recibir la sabiduría oculta. Paralelamente y de acuerdo a la inteligente adaptación del conocimiento a las necesidades ambientales, debemos aumentar la capacidad de mantener una discreta reserva y de emplear la facultad discriminadora. Cuando podamos utilizar inteligentemente el conocimiento, retenerlo discretamente y discriminar con sensatez, ofreceremos a los observadores instructores de la raza, la mejor garantía de que estamos preparados para una nueva revelación.

Debemos resignarnos ante el hecho de que el único modo para encontrar la clave del misterio de los rayos, sistemas y jerarquías, reside en el estudio de la Ley de Correspondencias o Analogías. Es el único hilo capaz de guiarnos a través del laberinto y el único rayo de luz que brilla en la oscuridad de la ignorancia circundante. H. P. Blavatsky lo ha expresado en La Doctrina Secreta, pero hasta ahora los estudiantes no han aprovechado esa clave. Al estudiar esta Ley debemos recordar que la analogía reside en su esencia y no en los detalles exotéricos, según creemos desde nuestro actual punto de vista. Por un lado nos desvía el factor tiempo y erramos cuando tratamos de establecer tiempo y límites fijos; todo en la evolución progresa por la unión y por un constante proceso de fusión, superposición y mezcla. Para el estudiante común, sólo pueden darse amplias generalidades y el reconocimiento de los puntos fundamentales de la analogía. En cuanto intenta reducir a diagramas y clasificaciones detallados, entra en reinos donde está sujeto al error y entonces tambalea a través de la niebla que, finalmente, lo abruma.

No obstante, mediante el estudio científico de la Ley de Analogía se obtendrá un acrecentamiento gradual del conocimiento y en la lenta acumulación de los hechos se construirá una forma que, en continua expansión, encerrará gran parte de la verdad. El estudiante comprenderá entonces que, después de todo, debido a su estudio y esfuerzo, tiene por lo menos un concepto amplio y general de la forma mental logoica, a la cual podrá adaptar los detalles, a medida que los adquiera en el curso de muchas encarnaciones. Esto nos lleva al último punto que debe ser considerado antes de entrar en el tema propiamente dicho y es que:

   El desarrollo del ser humano consiste en el paso de un estado de conciencia a otro. Es una sucesión de expansiones, un desarrollo de la facultad perceptiva que constituye la característica predominante del inmanente Pensador. Es el progreso de la conciencia centralizada en la personalidad, yo inferior o cuerpo, hacia la conciencia centralizada en el yo superior, ego o alma y, de allí, pasa a centralizarse en la mónada o espíritu, hasta que oportunamente la conciencia llega a ser divina. A medida que el ser humano se desarrolla, la facultad de percepción se amplía más allá de los límites que lo confinan en los reinos inferiores de la naturaleza ‑mineral, vegetal y animal‑, en los tres mundos de la evolucionante personalidad, en el planeta donde desempeña su parte y en el sistema donde ese planeta gira, hasta que, finalmente, se evade del sistema solar mismo y llega a ser universal.

CAPITULO II

DEFINICIÓN DE LA INICIACIÓN

El tema de la iniciación se está generalizando cada vez más entre el público. No pasarán muchos siglos sin que se restauren los antiguos misterios y la iglesia posea un grupo interno; en la iglesia del futuro, cuyo núcleo interno se está formando, la primera iniciación será exotérica, vale decir, que la primera iniciación constituirá antes de mucho tiempo, la ceremonia más sagrada de la iglesia y será celebrada en forma exotérica, por ser uno de los misterios revelados en determinados períodos, y a ella asistirán quienes estén implicados. También ocupará un lugar similar en el ritual de los masones. En esta ceremonia, quienes estén preparados para la primera iniciación, serán admitidos públicamente en la Logia por uno de sus miembros, autorizado para ello por el gran Hierofante Mismo.

Definición de cuatro palabras.

Al hablar de la iniciación, la sabiduría, el conocimiento o el sendero de probación, ¿qué queremos significar? Empleamos las palabras con mucha ligereza sin considerar el significado involucrado. Tomemos, por ejemplo, la primera de las palabras mencionadas. Muchas son las definiciones y explicaciones respecto a su alcance, a los pasos preliminares al trabajo que debe realizarse entre iniciaciones y a sus resultados y efectos. Una cosa es evidente para el estudiante más superficial, y es que la magnitud del tema es tal que, a fin de dilucidarlo adecuadamente, habría que escribir desde el punto de vista de un iniciado. En caso contrario, todo cuanto se diga podrá ser razonable, lógico, interesante, sugestivo, pero no concluyente.

       La palabra iniciación, deriva de dos palabras latinas: In en, Ire ir; por lo tanto, es la iniciación de un comienzo o la entrada en algo. En el caso que estamos estudiando significa, en su más amplio sentido, la entrada en la vida espiritual o en una nueva etapa de esa vida. Es el primer paso y los subsiguientes en el sendero de santidad. Por lo tanto, quien recibió la primera iniciación dio literalmente el primer paso en el reino espiritual, saliendo     del reino puramente humano, para entrar en el superhumano. Así como salió del reino animal y entró en el humano, en la individualización, así entra en la vida del espíritu y, por primera vez, tiene el derecho de llamarse "hombre espiritual", en el significado técnico de la palabra. Entra en la quinta etapa, la última, de nuestra actual quíntuple evolución. Después de haber palpado su camino a través del Aula de la Ignorancia, durante muchas épocas, e ingresado en la escuela en el Aula del Aprendizaje, ingresa en la Universidad o Aula de la Sabiduría. Cuando egrese de ella se graduará con el grado de Maestro de Compasión.

Podría ser de beneficio estudiar primero la diferencia o conexión entre Conocimiento, Comprensión y Sabiduría. Aunque en el lenguaje común estos términos parecen sinónimos, son técnicamente diferentes.

Conocimiento es el resultado del Aula del Aprendizaje. Podría decirse que constituye la totalidad de los descubrimientos y experiencias humanos y lo que puede ser reconocido por los cinco sentidos y correlacionado, diagnosticado y definido por el intelecto humano. Es aquello de lo que estamos mentalmente seguros o podemos corroborar por el experimento. Es un compendio de las artes y las ciencias. Concierne a todo lo que trata de la construcción y el desarrollo del aspecto forma de las cosas y, por lo tanto, del aspecto material de la evolución, la materia de los sistemas solares en el planeta, en los tres mundos de la evolución humana y en los cuerpos humanos.

Sabiduría es el resultado del Aula de la Sabiduría. Concierne al desarrollo de la vida dentro de la forma, al progreso del espíritu a través de los vehículos, siempre mutables, y a las expansiones de conciencia que se suceden una vida tras otra. Trata del aspecto vida de la evolución. Debido a que se refiere a la esencia de las cosas y no a las cosas mismas, es la captación intuitiva de la verdad, independiente de la facultad razonadora; la innata percepción, capaz de diferenciar lo falso de lo verdadero, lo real de lo irreal. Es algo más que eso, constituye la creciente capacidad del Pensador para penetrar cada vez más dentro de la mente del Logos, comprender la verdadera interiorización del gran espectáculo del universo, ver el objetivo y armonizarse progresivamente con la medida superior. Puede ser descrito para nuestro propósito (que consiste en estudiar el Sendero de Santidad y sus diversas etapas), como el conocimiento del "Reino del Dios interno" y la captación del "Reino del Dios externo" en el sistema solar. Quizás podría decirse que es la gradual fusión de los senderos del místico y del ocultista ‑la construcción del templo de la sabiduría sobre los cimientos del conocimiento.

La sabiduría es la ciencia del espíritu, así como el conocimiento es la ciencia de la materia. El conocimiento es separatista y objetivo, mientras que la sabiduría es sintética y subjetiva. El conocimiento separa, la sabiduría une. El conocimiento hace diferencias, mientras que la sabiduría fusiona. Entonces, ¿qué significa comprensión?

Comprensión puede definirse como la facultad del Pensador, en el tiempo, para apropiarse del conocimiento como base de la sabiduría, aquello que permite adaptar las cosas de la forma a la vida del espíritu, recibir destellos de inspiración, provenientes del Aula de la Sabiduría, y vincularlos a los hechos del Aula del Aprendizaje. Quizás la idea podría ser mejor expresada si se dijera que:

La sabiduría concierne a1 yo y el conocimiento al no‑yo, mientras que la comprensión es el punto de vista del ego o pensador, o la relación entre el yo y el no‑yo.

En el Aula de la Ignorancia controla la forma y predomina el aspecto material de las cosas. El hombre se centraliza así en la personalidad o yo inferior. En el Aula del Aprendizaje el yo superior o ego lucha por dominar esa forma, hasta que gradualmente alcanza un punto de equilibrio, donde ninguno de los dos controlan totalmente al hombre. Luego, el ego controla cada vez más, hasta que en el Aula de la Sabiduría domina en los tres mundos inferiores y, acrecentadamente, la divinidad inherente asume el control.

Aspectos de la Iniciación

La iniciación o el proceso de experimentar la expansión de conciencia es parte del proceso normal del desarrollo evolutivo, considerado en amplia escala y no desde el punto de vista del individuo. Observado desde el ángulo individual, llega a reducirse hasta el instante en que el ente evolucionante comprende que (por su propio esfuerzo y ayudado por el consejo y sugerencia de los Instructores observadores de la raza) ha llegado a una etapa donde adquiere cierto grado de conocimiento subjetivo, desde el punto de vista del plano físico. La experiencia es similar a la del alumno en la escuela, cuando se da cuenta repentinamente que domina la lección y que el tema y el método del proceso le pertenecen a fin de aplicarlos inteligentemente. Estos instantes de captación inteligente siguen a la mónada evolucionante en su largo peregrinaje. Lo que ha sido parcialmente mal interpretado en esta etapa de comprensión, es el hecho de que en los distintos períodos se acentúa la importancia de los variados grados de expansión y la Jerarquía se esfuerza en llevar a la raza a la etapa en que sus entes tengan alguna idea del próximo paso a dar. Cada, iniciación indica el paso del estudiante por el Aula de la Sabiduría hacia un grado superior y además el claro resplandor del fuego interno y la transición de un punto de polarización a otro; implica la comprensión de la creciente unidad con todo lo que vive y la esencial unicidad del yo con todos los yoes; da por resultado un horizonte que se ensancha continuamente hasta incluir la esfera de la creación, o la creciente capacidad de ver y oír en todos los planos. Es poseer una acrecentada conciencia de los planes de Dios para el mundo y la capacidad de desarrollar dichos planes. Es el esfuerzo de la mente abstracta para aprobar un examen. Es figurar en el cuadro de honor de la escuela del Maestro, dentro de la realización de esas almas cuyo karma lo permite y su esfuerzo es suficiente para alcanzar la meta.

La iniciación conduce al monte en que se puede obtener la visión; la visión del Eterno Ahora, donde el pasado, el presente y el futuro, existen como uno; la visión de la historia de las razas con el hilo de oro de su genealogía, seguida a través de numerosos tipos; la visión de la dorada esfera que mantiene al unísono las múltiples evoluciones de nuestro sistema: dévica, humana, animal, vegetal, mineral y elemental, a través de las cuales puede verse claramente que la vida palpitante late con ritmo regular; la visión de la forma mental del Logos en el plano arquetípico, visión que se acrecienta de una iniciación a otra hasta abarcar todo el sistema solar.

La iniciación conduce a esa corriente que, cuando se ha penetrado en ella, arrastra al hombre hasta llevarlo a los pies del Señor del Mundo, a los pies de su Padre en los Cielos, a los pies del triple Logos. La iniciación conduce a la caverna en cuyos muros limitadores se conocen los pares de opuestos y se revela el secreto del bien y del mal. Conduce a la Cruz y al total sacrificio que debe consumarse antes de lograr la perfecta liberación, donde el iniciado se libera de todas las cadenas terrenales y nada lo retiene en los tres mundos. Lleva a través del Aula de la Sabiduría y pone en las manos del hombre, en forma gradual, la clave de toda información cósmica y del sistema. Revela el misterio oculto subyacente en el corazón del sistema solar. Conduce de un estado de conciencia a otro. A medida que entra en cada estado, el horizonte se ensancha, la vista se extiende y la comprensión es más incluyente, hasta que la expansión alcanza el punto en que el yo abarca todos los yoes, incluso todo lo móvil e inmóvil, según una antigua escritura.

La iniciación implica ceremonia. Este aspecto es el que más se ha hecho resaltar en la mente de los hombres, omitiendo algo de su verdadera significación. Primordialmente implica la capacidad de ver, oír y comprender, de sintetizar y correlacionar el conocimiento, aunque no necesariamente el desarrollo de las facultades síquicas, pero entraña la comprensión interna que ve el valor subyacente en la forma y reconoce el propósito de las circunstancias prevalecientes. Es la capacidad de presentir la lección que se ha de aprender en cualquier acontecimiento dado, y esta comprensión y reconocimiento da por resultado, cada hora, cada semana y cada año, un progreso y expansión. Este proceso de gradual expansión ‑resultado del esfuerzo definido y de una ardua vida y correcto pensar del aspirante, y no de algún instructor esotérico que celebra un rito oculto‑ conduce a lo que podría llamarse una crisis.

En esta crisis, donde es necesaria la ayuda de un Maestro, se efectúa un definido acto de iniciación, que (actuando sobre un centro particular) produce resultados en alguno de los cuerpos, e incita a los átomos a alcanzar cierta vibración y permite obtener un nuevo ritmo.

La ceremonia de la iniciación señala un punto de realización, pero no la realización que a menudo se cree sino simplemente la que los Instructores que vigilan a la raza, reconocen como una etapa definida en la evolución alcanzada por el discípulo, la cual proporciona dos cosas:

  1. Una expansión de conciencia, que permite a la personalidad penetrar en la sabiduría lograda por el Ego, y en las iniciaciones superiores, en la conciencia de la Mónada.
  1. Un breve período de iluminación, donde el iniciado ve la parte del sendero que debe hollar y también participa conscientemente en el gran plan evolutivo.

Después de la iniciación, el trabajo que se debe realizar consiste mayormente en convertir esa expansión de conciencia en parte del equipo de la personalidad para ser utilizado en forma práctica, y en dominar esa parte del sendero que aún debe recorrerse.

Lugar y efecto de la Iniciación.

La ceremonia de la iniciación tiene lugar en los tres subplanos superiores del plano mental y en los tres planos superiores, de acuerdo a la iniciación. Durante las iniciaciones en el plano mental brilla sobre la cabeza del iniciado la estrella de cinco puntas. Esto corresponde a las primeras iniciaciones que se reciben en el vehículo causal. Se ha dicho que las dos primeras iniciaciones se efectúan en el plano astral, pero esta afirmación es inexacta y ha dado origen a una mala interpretación. Ambas se hacen sentir profundamente en los cuerpos físico, astral y mental inferior, afectando su control. Debido a que el efecto principal se siente en estos cuerpos, el iniciado puede interpretar que han tenido lugar en los planos implicados, pues el vívido efecto y el estímulo de las dos primeras iniciaciones se producen principalmente en el cuerpo astral. Pero debe tenerse en cuenta que las iniciaciones mayores tienen lugar en el cuerpo causal o ‑fuera de éste‑ en el plano búdico o en el átmico. En las dos iniciaciones finales que liberan al hombre de los tres mundos, se le permite actuar en el cuerpo vital del Logos y manejar esa fuerza, entonces el iniciado se trasforma en la estrella de cinco puntas, la cual desciende sobre él, se fusiona en él y a él se lo ve en el centro mismo de la estrella. El descenso se realiza por acción del Iniciador que empuña el Cetro de Poder y pone al hombre en contacto, en forma consciente, con el centro en el cuerpo del Logos planetario, del cual es parte. Las dos iniciaciones llamadas sexta y séptima, tienen lugar en los planos búdico y átmico. La estrella de cinco puntas "fulgura desde adentro de sí misma", según dice una frase esotérica, y se trasforma en "la estrella de siete puntas", descendiendo sobre el hombre, y éste penetra en la llama.

Además, las cuatro iniciaciones anteriores a la de adepto, señalan, respectivamente, la adquisición de determinadas proporciones de materia atómica en los cuerpos , por ejemplo, en la primera iniciación, una cuarta parte de materia atómica; en la segunda, una mitad; en la tercera, tres cuartas partes, y así hasta completar. Puesto que el principio búdico es el unificador (o el fusionador de todo), en la quinta iniciación el adepto se desprende de los vehículos inferiores y se afirma en el búdico, desde donde crea su cuerpo de manifestación.

Cada iniciación otorga mayor control sobre los rayos, si esto puede expresarse así, aunque no da la idea exacta. Las palabras a menudo confunden. En la quinta iniciación, cuando el adepto es un Maestro en los tres mundos, controla más o menos (de acuerdo a su línea de desarrollo) los cinco rayos que se manifiestan especialmente en el momento en que recibe la iniciación. En la sexta, si pasa al grado superior, adquiere poder en otro rayo y, en la séptima, ejerce poder en todos los rayos. La sexta iniciación señala el punto de realización del Cristo y pone al rayo sintético del sistema bajo Su control. Debemos tener presente que la iniciación da al iniciado poder en los rayos y no poder sobre los rayos, una diferencia bien marcada. Cada iniciado lógicamente posee uno de los tres rayos mayores como rayo primario o espiritual, y en el rayo de su mónada es donde finalmente adquiere poder. El rayo de amor o rayo sintético del sistema, es el último que se adquiere.

Quienes desencarnan después de la quinta iniciación, o quienes no llegan a ser Maestros en encarnación física, reciben sus siguientes iniciaciones en otra parte del sistema. Todos están, en la Conciencia del Logos. Se ha de tener en cuenta una gran realidad, que las iniciaciones del planeta o las del sistema solar, sólo son preparatorias para ser admitido en la Gran Logia de Sirio. Este simbolismo ha sido bien conservado en la masonería y combinando el método masónico con lo dicho respecto a los pasos en el Sendero de Santidad, obtendremos un cuadro aproximado. Ampliemos su significado:

Las primeras cuatro iniciaciones del sistema solar corresponden a las cuatro "Iniciaciones en el Umbral", previamente a la primera iniciación cósmica. La quinta iniciación corresponde a la primera iniciación cósmica, la de "aprendiz aceptado" en la masonería, que hace de un Maestro, un "aprendiz aceptado" en la Logia de Sirio. La sexta iniciación es análoga al grado segundo de la masonería, mientras que la séptima hace del adepto un Maestro Masón de la Hermandad de Sirio.

Maestro, por lo tanto, es quien ha recibido la séptima iniciación planetaria, la quinta iniciación solar y la primera iniciación cósmica o de Sirio.

La Unificación, resultado de la Iniciación.

Debe comprenderse que cada iniciación sucesiva produce la unificación más completa de la personalidad con el ego y, en niveles más elevados, con la mónada. La evolución del espíritu humano es una unificación progresiva. En la unificación del alma con la personalidad yace oculto el misterio de la doctrina cristiana de la Expiación, unificación que tiene lugar en el momento de la individualización, cuando el hombre se trasforma en una entidad consciente y racional, distinta de la de los animales. A medida que prosigue la evolución, ocurren sucesivas unificaciones.

La unificación en todos los niveles ‑ emocional, intuicional, espiritual y divino ‑ consiste en un continuo y consciente funcionamiento. En todos los casos está precedida por la combustión a través del fuego‑interno y la destrucción, por medio del sacrificio, de todo aquello que separa. El acercamiento a la unidad se produce mediante la destrucción de lo inferior y de todo lo que obstaculiza. Tomemos, por ejemplo, la trama que separa los cuerpos etérico y emocional. Cuando el fuego interno quema esta trama, se produce una continua comunicación entre los cuerpos de la personalidad, y los tres vehículos actúan como uno. Algo semejante ocurre en los niveles superiores, aunque el paralelismo no puede ser detallado. La intuición corresponde a lo emocional y los cuatro niveles superiores del plano mental a lo etérico. En la destrucción del cuerpo causal, al recibir la cuarta iniciación (llamada, simbólicamente, “la Crucifixión”), tenemos un proceso análogo al de la combustión de la trama, que conduce a la unificación de los cuerpos de la personalidad. La desintegración, que es parte de la iniciación del arhat, conduce a la unidad entre el ego y la mónada, expresándose en la Tríada. Ésta es la perfecta unificación.

Por lo tanto, el propósito del proceso consiste en que el hombre sea conscientemente uno:

Primero: Consigo mismo y con quienes han encarnado con él.

Segundo: Con su Yo superior y con todos los yoes.

Tercero: Con su Espíritu o "Padre en los Cielos", y así con todas las Mónadas.

Cuarto: Con el Logos, los Tres en Uno y el Uno en Tres.

El hombre se convierte en un ser humano consciente por mediación del perpetuo sacrificio de los Señores de la Llama.

El hombre llega a ser un ego consciente, poseyendo la conciencia del yo superior, en la tercera iniciación, por mediación de los Maestros y del Cristo y por Su sacrificio, al encarnar físicamente para ayudar al mundo.

En la quinta iniciación el hombre se une con la mónada por mediación del Señor del Mundo, el Observador Solitario, el Gran Sacrificio.

El hombre se unifica con el Logos, por medio de Aquel de Quien nada puede decirse.

CAPÍTULO III

EL TRABAJO DE LA JERARQUÍA

Aunque el tema de la Jerarquía oculta del planeta despierta un enorme y profundo interés en el hombre común, su verdadera significación, sin embargo, no será comprendida hasta que se reconozcan tres cosas sobre el tema. Primero, que la entera Jerarquía de seres espirituales representa una síntesis de fuerzas o de energías, conscientemente manejadas para llevar adelante la evolución planetaria. Esto será más evidente a medida que avancemos. Segundo, estas fuerzas manifestadas en nuestro sistema planetario, por medio de las grandes Personalidades que componen la Jerarquía, vinculan el sistema y todo lo que contiene, con la Jerarquía superior llamada solar. Nuestra Jerarquía es una réplica en miniatura de la síntesis mayor de esas Entidades autoconscientes, que manipulan y controlan al Sol y se manifiestan a través de éste y de los siete planetas sagrados, y también de otros planetas mayores y menores, que componen nuestro sistema solar. Tercero, esta Jerarquía de fuerzas tiene cuatro líneas de acción predominantes, que son:

Desarrollar la autoconciencia en todos los Seres.

       La Jerarquía trata de proporcionar las condiciones adecuadas para desarrollar la autoconciencia en todos los seres, realizándolo primeramente en el hombre, mediante el trabajo inicial de fusionar los tres aspectos superiores del espíritu con los cuatro inferiores; mediante el ejemplo en el servicio, en el sacrificio y en la renunciación, y por la constante corriente de luz (comprendido esotéricamente) que emana de ella. La Jerarquía podría ser considerada como el conjunto de fuerzas del quinto reino de la naturaleza en nuestro planeta. Este reino se alcanza mediante el pleno desarrollo y el control del quinto principio o mente, y su trasmutación en sabiduría, que literalmente consiste en aplicar la inteligencia a todos los estados del ser, mediante la utilización plenamente consciente de la facultad discriminadora del amor.

Desarrollar la Conciencia en los tres Reinos Inferiores.

Como es bien sabido, los cinco reinos de la naturaleza en el arco evolutivo pueden definirse de la manera siguiente: mineral, vegetal, animal, humano y espiritual. Estos reinos entrañan algún tipo de conciencia, y el trabajo de la Jerarquía consiste en desarrollar dichos tipos hasta la perfección, mediante el agotamiento del karma, la acción de la fuerza y la provisión de las correctas condiciones. Obtendremos una idea de esta tarea si hacemos un breve resumen de los diferentes aspectos de la conciencia a desarrollar en los diversos reinos.

En el reino mineral, el trabajo de la Jerarquía está dedicado a desarrollar la actividad discriminadora y selectiva. Una de las características de la materia es desarrollar un tipo de actividad, y en cuanto esa actividad va dirigida a la construcción de formas, aún las más rudimentarias, se manifiesta la facultad de discriminar. Esto es reconocido por los científicos de todas partes y, al hacerlo, se acercan a los descubrimientos de la Sabiduría Divina.

En el reino vegetal, a esta facultad de discriminar se le agrega la de responder a la sensación, advirtiéndose la elemental condición del segundo aspecto de la divinidad, así como en reino mineral se advierte un reflejo similar rudimentario, del tercer aspecto de actividad.

En el reino animal, se incrementan las actividades rudimentarias, y se encuentran síntomas (si puede decirse así) del primer aspecto, o propósito y voluntad embrionarios. Podríamos llamarlo instinto hereditario, pero en verdad actúa como propósito de la naturaleza.

Con gran sabiduría H. P. Blavatsky dijo que el hombre es el macrocosmos para los tres reinos inferiores, porque en él se sintetizan estas tres líneas de desarrollo y llegan a su plena fructificación. En verdad y de hecho, es inteligencia activa y maravillosamente manifestada. Es amor y sabiduría incipientes, aunque no sean más que el objetivo de sus esfuerzos; posee esa voluntad embrionaria, dinámica, iniciadora, que llegará a su pleno desarrollo después de haber entrado en el quinto reino.

En el quinto reino la conciencia a desarrollar es la de grupo, y se manifiesta en el pleno florecimiento de la facultad amor-sabiduría. El hombre no hace más que repetir, en una vuelta más alta de la espiral, la tarea de los tres reinos inferiores, pues en el reino humano manifiesta el tercer aspecto de inteligencia activa. En el quinto reino, en el cual se ingresa en la primera iniciación, que abarca todo el período de tiempo durante el cual recibe el hombre las cinco primeras iniciaciones y actúa como Maestro y parte de la Jerarquía, llega a su consumación el aspecto amor-sabiduría o segundo aspecto. En la sexta y séptima iniciaciones fulgura el primer aspecto o voluntad, y después de ser Maestro de Compasión y Señor de Amor, el adepto se trasforma en algo más. Penetra en una conciencia superior a la grupal, la Conciencia de Dios, y se hace consciente de Dios. Entonces entra en posesión de la gran voluntad o propósito del Logos.

Fomentar los diversos atributos de la divinidad, cultivar la simiente de la autoconciencia en todos los seres, es trabajo de las Entidades que se han realizado, han entrado en el quinto reino y han tomado allí la gran decisión e inconcebible renunciación de permanecer en el sistema planetario, para cooperar con los planes del Logos planetario en el plano físico.

Trasmitir la Voluntad del Logos planetario.

La Jerarquía trasmite a los hombres y a los devas o ángeles, la voluntad del Logos planetario y a través de Él, la del Logos solar. Todo sistema planetario, el nuestro como los demás, es un centro en el cuerpo del Logos, y manifiesta algún tipo de energía o fuerza. Cada centro expresa un tipo especial de fuerza que se evidencia en forma triple, y produce así universalmente los tres aspectos de la manifestación. Uno de los grandes conocimientos que adquieren quienes entran en el quinto reino, es el del tipo particular de fuerza que incorpora nuestro Logos planetario. El estudiante inteligente debe reflexionar sobre esta afirmación, pues contiene la clave de muchos hechos observados actualmente en el mundo. Se ha perdido el secreto de la síntesis, y sólo cuando los hombres retornen al conocimiento que tenían en cielos anteriores (afortunadamente retirados en los días atlantes) acerca del tipo de energía que nuestro sistema debe manifestar en la actualidad, los problemas humanos se resolverán por sí solos y se estabilizará el ritmo del mundo. Esto no sucederá todavía porque dicho conocimiento es peligroso, y en la actualidad la raza no tiene conciencia grupal y, por lo tanto, no se le puede confiar que trabaje, piense, proyecte y actúe para el grupo. El hombre es aún demasiado egoísta, aunque esto no es motivo de desaliento. La conciencia grupal es ya algo más que una visión, mientras que la hermandad y el reconocimiento de sus obligaciones comienzan a penetrar en la conciencia de los hombres. Tal es el trabajo de la Jerarquía de la Luz, demostrar a los hombres el verdadero significado de la hermandad y fomentar en ellos la respuesta a ese ideal, latente en todos y cada uno.

Dar el Ejemplo a la Humanidad.

El cuarto punto que los hombres deben conocer y comprender como realidad fundamental, es que esta Jerarquía está compuesta por quienes han triunfado sobre la materia y han llegado a la meta por el mismo camino que siguen hoy los individuos. Estas personalidades espirituales, adeptos y Maestros, han luchado y bregado por obtener la victoria y el control en el plano físico, y se han enfrentado con los miasmas, brumas, peligros, dificultades, angustias y dolores de la vida diaria. Han hollado cada paso del sendero del sufrimiento, han pasado por todas las experiencias, han superado todas las dificultades y han triunfado. Estos Hermanos Mayores de la Raza han sufrido la crucifixión del yo personal y saben de la total renuncia del aspirante. No existe ninguna fase de agonía, ningún sacrificio consumado, ninguna Vía Dolorosa por la que no hayan pasado, y en esto radica Su derecho a servir y el poder de Su demanda. Conocedores de la quintaesencia del dolor, de la profundidad del pecado y del sufrimiento, Sus métodos pueden ser exactamente adecuados a las necesidades individuales; pero al mismo tiempo su compresión de que la liberación se obtendrá por medio del dolor, el castigo y el sufrimiento, y su captación de que la liberación se obtiene mediante el sacrificio de la forma, a través de los fuegos purificadores, basta para proporcionarles un firme apoyo y la capacidad de persistir, aun cuando la forma aparente haber sufrido suficientemente, y el amor que triunfa sobre todos los obstáculos, esté fundado en la paciencia y la experiencia. Estos Hermanos Mayores de la humanidad se caracterizan por un perdurable amor, que actúa siempre en bien del grupo; por un conocimiento adquirido en el transcurso de millares de vidas, durante las cuales se abrieron camino desde el fondo de la vida y de la evolución, hasta llegar casi a la cima; por una experiencia basada en el tiempo mismo y en una multiplicidad de reacciones e interacciones de la personalidad; por una valentía, resultado de esa experiencia, que habiendo sido producto de épocas de esfuerzos fracasos y renovados esfuerzos que condujeron finalmente al triunfo, pueden ponerse ahora al servicio de la raza; por un propósito iluminado, inteligente y cooperador, ajustado al grupo y al Plan jerárquico y adaptado a la finalidad del Logos planetario; finalmente, se caracterizan por su conocimiento del poder del sonido. Esto último es la base del aforismo según el cual los verdaderos esoteristas se distinguen por la característica del conocimiento, de la voluntad dinámica, del valor y del silencio: "saber, querer, osar y callar". Conociendo bien el plan y teniendo una visión clara y luminosa, pueden aplicar Su voluntad, firme e indesviablemente, al trabajo de creación por medio del poder del sonido. Esto Los conduce a callar donde el hombre común habla, y a hablar donde el hombre común calla.

Cuando los hombres comprendan los cuatro hechos enumerados y los hayan establecido como verdades en la conciencia de la raza, podremos esperar entonces el retorno del cielo de paz, descanso y rectitud, predicho en todas las escrituras del mundo. Entonces el Sol de la Rectitud surgirá trayendo la curación en sus alas, y la paz, más allá de toda comprensión, reinará en el corazón de los hombres.

Al tratar el tema del trabajo de la Jerarquía oculta, en un libro dedicado al público, mucho quedará sin decir. El hombre común siente interés y su curiosidad se despierta cuando se habla de estas Personalidades, pues sólo está preparado para una información más general. Aquellos que de la curiosidad pasan al deseo y tratan de conocer la verdad tal cual es, obtendrán mayor información cuando ellos mismos hayan realizado el necesario trabajo y estudio. La investigación es deseable, y la actitud mental que se espera despierte este libro, puede resumirse en las siguientes palabras: Estas afirmaciones parecen interesantes y quizás sean ciertas. Las religiones de todos los países, incluyendo la cristiana, dan indicaciones que aparentemente corroboran estas ideas. Aceptémoslas como hipótesis activas, respecto a la consumación del proceso evolutivo del hombre y a su actuación para lograr la perfección. Busquemos la verdad como un hecho en nuestra propia conciencia. Toda fe religiosa expone la creencia de que quienes buscan con fervor hallan lo buscado, por lo tanto, busquemos. Si en nuestra investigación comprobamos que estas afirmaciones no son más que sueños visionarios, sin provecho alguno, que nos llevan tan sólo a la oscuridad, no habremos perdido el tiempo, puesto que sabremos dónde no hay que buscar. Por otra parte, si nuestra investigación nos lleva poco a poco a la corroboración, y la luz brilla cada vez con mayor claridad, persistamos hasta cuando alboree el día y la luz que brilla en la oscuridad ilumine el corazón y el cerebro, entonces el buscador despertará a la comprensión de que toda evolución tiende a otorgar esta expansión de conciencia y esta iluminación, y que el logro del proceso iniciático y la entrada en el quinto reino no son una quimera o fantasía, sino una realidad establecida en la conciencia. Cada uno debe cerciorarse por sí mismo. Quienes saben, pueden asegurar que una cosa es o no es así, y la afirmación o la enunciación de una teoría por otra persona, no dan al investigador más que una indicación confirmatoria. Cada alma debe cerciorarse por sí misma y descubrir en sí misma lo que busca, teniendo siempre presente que el reino de Dios es interno y que son de valor los hechos conocidos como verdades, dentro de la conciencia individual. Mientras tanto, podrá exponerse aquí lo que muchos conocen y han comprobado en sí mismos como verdades incontrovertibles, y al lector inteligente se le presentará la oportunidad y la responsabilidad de cerciorarse por sí mismo de su verdad o falsedad.

CAPÍTULO IV

LA FUNDACIÓN DE LA JERARQUIA

Su Aparición en el Planeta.

En este libro no se trata de hablar sobre los pasos que condujeron a la fundación de la Jerarquía en el planeta, ni de considerar las condiciones que precedieron al advenimiento de esos grandes Seres. Esto puede ser estudiado en otros libros esotéricos occidentales y en las Sagradas Escrituras orientales. Para nuestro propósito será suficiente decir que a mediados de la época lemuriana, hace aproximadamente dieciocho millones de años, ocurrió un gran acontecimiento que trajo, entre otras cosas, los siguientes desarrollos: El Logos planetario del esquema terrestre, uno de los Siete Espíritus ante el Trono, encarnó físicamente y en la forma de Sanat Kumara, el Anciano de los Días y Señor del Mundo, descendió a este planeta físico denso permaneciendo desde entonces con nosotros. Debido a la máxima pureza de su naturaleza, y al hecho que desde el ángulo de la humanidad está exento de pecado y, por lo tanto, es incapaz de responder a nada en el plano físico, no pudo adoptar un cuerpo físico denso como el nuestro, y debe actuar en Su cuerpo etérico. Es el más grande de los Avatares o “de los Venideros”, porque es un reflejo directo de la Gran Entidad que vive, respira y actúa a través de todas las evoluciones de este planeta, manteniendo todo dentro de Su aura o esfera magnética de influencia. En Él vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser, y nadie puede ir más allá del radio de Su aura. Es el Gran Sacrificio, que abandonó la gloria de los elevados lugares, y en bien de los hijos de los evolucionantes  hombres tomó Él Mismo forma física, y fue hecho a semejanza del hombre. Es el Observador Silencioso, en lo que a nuestra humanidad concierne, aunque literalmente, el Logos planetario Mismo, en los niveles superiores de conciencia en que actúa, es el verdadero Observador Silencioso en cuanto al esquema planetario se refiere. Podría decirse que el Señor del Mundo, el Iniciador Uno, ocupa el mismo lugar, en conexión con el Logos planetario, que la manifestación física de un Maestro en relación con la mónada de ese Maestro en el plano monádico. En ambos casos se ha reemplazado el estado intermedio de conciencia, la del ego o yo superior, y lo que vemos y conocemos es la directa manifestación autocreada del espíritu puro. He aquí el sacrificio. Debe recordarse que, en el caso de Sanat Kumara hay una enorme diferencia de grado, pues Su etapa de evolución es más avanzada que la de un adepto, tal como lo es el adepto en relación con el hombre animal. Esto se ampliará en el siguiente capítulo.

Juntamente con el Anciano de los Días vino un grupo de otras Entidades altamente evolucionadas, que representan a Su propio grupo kármico individual y a Aquellos Seres que son el resultado de la triple naturaleza del Logos planetario. Podría decirse que personifican las fuerzas que emanan de los centros coronario, cardíaco y laríngeo. Llegaron con Sanat Kumara a fin de constituir puntos focales de fuerza planetaria y ayudar en el gran plan para el desarrollo autoconsciente de toda vida. Sus lugares han sido ocupados gradualmente por los hijos de los hombres, a medida que se han capacitado para ello, aunque son muy pocos hasta ahora en nuestra inmediata humanidad terrestre. Los que forman el grupo interno que rodean al Señor del Mundo, fueron extraídos principalmente de las filas de quienes eran iniciados en la cadena lunar (el ciclo de evolución que precedió al nuestro), o entraron en ciertas corrientes de energía solar, determinadas astrológicamente desde otros sistemas planetarios; aunque el número de los que triunfan en nuestra humanidad aumenta rápidamente y desempeñan los cargos subalternos del grupo esotérico central de Seis, que, con el Señor del Mundo, constituyen el corazón del esfuerzo jerárquico.

El efecto inmediato.

El resultado de Su advenimiento, hace millones de años, fue grandioso, y aún se notan sus efectos, que pueden ser enumerados de la manera siguiente: Al Logos planetario, en Su propio plano, se le permitió adoptar un método más directo, a fin de lograr los resultados que Él deseaba para desarrollar Su plan. Como es bien sabido, el esquema planetario, con su globo denso y sus sutiles globos internos, es para el Logos planetario lo que el cuerpo físico y sus cuerpos sutiles son para el hombre. De ahí que, como ilustración, puede decirse que la encarnación de Sanat Kumara fue un hecho análogo al firme control autoconsciente que el ego de un ser humano ejerce sobre sus vehículos, al lograrse la necesaria etapa de evolución. Se ha dicho que en la cabeza de todo hombre hay siete centros de fuerza vinculados con los otros centros del cuerpo, a través de los cuales la fuerza del ego se difunde y circula, desarrollando así el plan. Sanat Kumara, juntamente con los otros seis Kumaras, mantiene una posición similar. Éstos siete principales constituyen para Él lo que los siete centros de la cabeza para el conjunto corporal. Son los agentes directrices y transmisores de energía, fuerza, propósito y voluntad del Logos planetario, en Su propio plano. Este centro coronario planetario actúa directamente a través de los centros cardíaco y laríngeo y, por lo tanto, controla los centros restantes. Esto es una especie de ilustración y el intento de demostrar la relación de la Jerarquía con su fuente planetaria, así como también la estrecha analogía entre el método de la actuación de un Logos planetario y el hombre, el microcosmos.

El tercer reino de la naturaleza, el reino animal, había alcanzado un grado relativamente elevado de evolución, y el hombre animal estaba en posesión de la tierra; era un ser con un poderoso cuerpo físico, un coordinado cuerpo astral o de sensación y sentimiento, y un germen rudimentario de mente, que algún día podría constituir el núcleo de un cuerpo mental. Abandonado a sus propios medios durante largos eones, el hombre animal eventualmente habría progresado hasta pasar del reino animal al humano, y llegado a ser una entidad autoconsciente, activa y racional, pero la lentitud del proceso se pone en evidencia al estudiar los bosquimanos de Sudáfrica, los vedas de Ceilán o los hirsutos ainos del Japón.

La decisión del Logos planetario de tomar un cuerpo físico, estimuló extraordinariamente el proceso evolutivo y, por Su encarnación y los métodos que empleó para distribuir las fuerzas, produjo, en un breve cielo, lo que de otro modo hubiera sido inconcebiblemente lento. El germen de la mente en el hombre animal fue estimulado. El cuádruple hombre inferior,

a. el cuerpo físico, en su capacidad dual, etérica y densa,

b. la vitalidad, fuerza vital o prana,

c. el cuerpo astral o emocional,

d. el incipiente germen de la mente,

fue coordinado y estimulado, y llegó a ser un receptáculo apropiado para la entrada de las entidades autoconscientes, esas tríadas espirituales (reflejo de la voluntad, intuición o sabiduría espirituales y mente superior) que habían esperado precisamente esa adaptación durante largas edades. El reino humano o cuarto reino, vino a la existencia, y la unidad autoconsciente o racional, el hombre, comenzó su carrera.

Otra consecuencia del advenimiento de la Jerarquía consistió en un desarrollo similar, aunque menos conocido, en todos los reinos de la naturaleza. En el reino mineral, por ejemplo, algunos de los minerales o elementos, recibieron un estímulo adicional y se hicieron radiactivos, y tuvo lugar un misterioso cambio químico en el reino vegetal. Esto facilitó el paso del reino vegetal al animal, así como la radiactividad de los minerales facilitó el paso del reino mineral al vegetal. A su debido tiempo, los hombres de ciencia reconocerán que todos los reinos de la naturaleza se unen e interpenetran cuando las unidades de esos reinos son radiactivas. Pero no es necesario divagar en este sentido. Basta un indicio para quienes tienen ojos para ver, e intuición para comprender el significado de los términos, limitados por una connotación puramente material.

En los días de Lemuria, después del gran descenso de las Existencias espirituales a la tierra, quedó sistematizado el trabajo que proyectaron. Se distribuyeron las funciones, y los procesos evolutivos en todos los sectores de la naturaleza, quedaron bajo la sabia y consciente guía de esta Hermandad inicial. Esta Jerarquía de Hermanos de la Luz, existe aún, y el trabajo prosigue constantemente. Todos tienen existencia física, ya sean cuerpos físicos densos, tal como lo hacen muchos de los Maestros, o bien cuerpos etéricos, tales como los que utilizan los más excelsos auxiliares y el Señor del Mundo. Es necesario que los hombres recuerden que Ellos tienen existencia física, y también deben tener en cuenta que viven con nosotros en este planeta controlando su destino, guiando sus asuntos y conduciendo a todas sus evoluciones hacia la perfección final.

La Sede de esta Jerarquía se halla en Shamballa, un centro en el desierto de Gobi, llamado en los libros antiguos "Isla Blanca". Existe en materia etérica, y cuando la raza de los hombres haya desarrollado la visión etérica en la Tierra, se conocerá su ubicación y será aceptada su realidad. Rápidamente se está desarrollando esta visión, como puede observarse en los diarios y en la literatura actual, pero la ubicación de Shamballa será el último de los sagrados lugares etéricos que se revelará, pues su materia es del segundo éter. Varios Maestros que tienen cuerpo físico viven en los Himalayas en un lugar recluido llamado Shigatsé, lejos de los caminos de los hombres; pero la mayor parte están diseminados en todo el mundo, y viven de incógnito, y desconocidos en diferentes lugares y en distintas naciones, aunque cada uno en Su propio lugar constituye un punto focal para la energía del Señor del Mundo, demostrando ser en Su medio ambiente, un distribuidor del amor y de la sabiduría de la Deidad.

La apertura del Portal de la Iniciación.

No es posible referirse a la historia de la Jerarquía, durante las largas épocas de su trabajo, sin mencionar algunos acontecimientos sobresalientes del pasado y sin señalar ciertas eventualidades. Durante épocas, después de su inmediata fundación, el trabajo fue lento y desalentador. Transcurrieron miles de años y aparecieron razas humanas y desaparecieron de la tierra, antes de ser posible delegar, por lo menos el trabajo realizado por los iniciados de primer grado, a los hijos de los hombres en evolución. Pero a mediados del transcurso de la cuarta raza raíz, la atlante, sobrevino un acontecimiento que hizo necesario un cambio o innovación, en el método jerárquico. Algunos de sus miembros fueron destinados a un trabajo superior en otra parte del sistema solar, y esto trajo por necesidad el ingreso, en número elevado, de unidades altamente evolucionadas de la familia humana. A fin de permitir que otros ocuparan Su lugar, los miembros menores de la Jerarquía fueron ascendidos, originando vacantes en tales puestos. Por lo tanto, tres cosas se decidieron en la Cámara del Concilio del Señor del Mundo:

1. Cerrar la puerta por donde los hombres animales pasaban al reino humano, no permitiendo a las mónadas de los planos superiores tomar cuerpo por un tiempo. Debido a las limitaciones de entonces, se restringió el número de unidades del cuarto reino o reino humano.

       2. Abrir otra puerta a esos miembros de la familia humana que se hallaban dispuestos a someterse a la disciplina necesaria y hacer el gran esfuerzo requerido, y permitirles entrar en el quinto reino o espiritual. De este modo, las filas de la Jerarquía podían llenarse con miembros de la humanidad terrestre, capacitados para ello. Esta puerta se denomina el Portal de la Iniciación, y aún permanece abierta con las mismas cláusulas que fijara el Señor del Mundo en los días atlantes. Estas cláusulas se expondrán en el último capítulo de este libro. La puerta que existe entre los reinos humano y animal, será abierta de nuevo durante el próximo gran ciclo o "ronda", como se dice en algunos libros; pero como aún faltan varios millones de años, no nos ocuparemos de ello por el momento.

       3. Trazar una línea de demarcación bien definida entre las dos fuerzas, la de la materia y la del espíritu. Fue recalcada la inherente dualidad de toda manifestación, a fin de enseñar a los hombres a liberarse por sí mismos de las limitaciones del cuarto reino o humano, y así pasar al quinto reino o espiritual. El problema del bien y del mal, la luz y la oscuridad, lo correcto y lo incorrecto, fue enunciado únicamente en beneficio de la humanidad, para permitir a los hombres romper con las cadenas que aprisionaban al espíritu, logrando así la liberación espiritual. Este problema no existe en los reinos inferiores al del hombre, ni para quienes han trascendido el humano. El hombre debe aprender, a través de la experiencia y el dolor, la realidad de la dualidad de toda existencia. Habiéndolo aprendido, elige lo que concierne al aspecto espíritu plenamente consciente de la divinidad, y también a centrarse en ese aspecto. Al alcanzar la liberación, se da cuenta en verdad que todo es uno, que el espíritu y la materia son una unidad y que sólo existe lo que se halla en la conciencia del Logos planetario, y en círculos más amplios, en la conciencia del Logos solar.

La Jerarquía aprovechó de este modo la facultad discriminadora de la mente, cualidad que caracteriza a la humanidad, para que el hombre, mediante el equilibrio de los pares de opuestos,  alcance su meta y encuentre el camino de regreso a la fuente de origen.

Esta decisión condujo a la gran lucha, característica de la civilización atlante, que culminó con la destrucción, el diluvio al que se refieren todas las Escrituras del mundo. Las fuerzas de la luz y las fuerzas de la oscuridad se enfrentaron, y esto se hizo para ayudar a la humanidad. La lucha persiste aún, y la pasada guerra mundial fue un recrudecimiento de ella. En cada bando había dos grupos: los que luchaban por un determinado ideal, tal como ellos lo veían y creían que era lo más elevado, y aquellos que lo hacían por obtener ventajas materiales y egoístas. En la lucha entre los influyentes idealistas o materialistas, muchos fueron arrastrados y lucharon ciega e ignorantemente y, en consecuencia, fueron abatidos por el desastre y el karma racial.

Estas tres decisiones de la Jerarquía, tienen y tendrán un profundo efecto sobre la humanidad, pero se están obteniendo los resultados deseados, pues ya puede observarse una mayor aceleración del proceso evolutivo y un efecto profundamente importante sobre el aspecto mente del hombre.

Conviene señalar aquí que, actuando como miembros de la Jerarquía, existe gran número de seres llamados ángeles por los cristianos y devas por los orientales. Muchos de ellos han pasado hace tiempo por la etapa humana y actúan ahora en las filas de la gran evolución, llamada evolución dévica, paralela a la humana. Esta evolución incluye, entre otros factores, a los constructores del planeta objetivo y a las fuerzas que producen, por medio de estos constructores, todas las formas conocidas y desconocidas. Los devas que colaboran en el esfuerzo jerárquico se ocupan, por lo tanto, del aspecto forma, mientras que los otros miembros de la Jerarquía se ocupan del desarrollo de la conciencia dentro de la forma.

CAPÍTULO V

LOS TRES DEPARTAMENTOS DE LA JERARQUIA

Ya hemos tratado el tema de la fundación de la Jerarquía de la Tierra, vimos cómo vino a la existencia, y nos ocupamos de ciertas crisis ocurridas, que aún afectan a los actuales acontecimientos. Al tratar del trabajo y de los objetivos de los miembros de la Jerarquía, no es posible decir cuáles han sido, ni considerar en detalle quiénes fueron los personajes activos durante los pasados milenios, desde que vino a la existencia la Jerarquía.

Muchos grandes Seres, de origen planetario y solar, y a veces provenientes de fuentes cósmicas, prestaron Su ayuda en determinados momentos y residieron brevemente en nuestro planeta. Por la energía que fluía a través de Ellos y por Su profunda sabiduría y experiencia, estimularon la evolución terrestre y contribuyeron en gran medida a la realización de los propósitos del Logos planetario. Después siguieron Su camino, y Sus lugares fueron ocupados por esos miembros de la Jerarquía que estaban dispuestos a someterse a un entrenamiento específico y a una expansión de conciencia. A su vez, los cargos de estos adeptos y Maestros fueron ocupados por iniciados, por eso los discípulos y hombres y mujeres altamente evolucionados, continuamente tuvieron oportunidad de entrar en las filas de la Jerarquía, y así hubo una constante circulación de nueva vida y sangre, y la llegada de quienes pertenecen a un período o época especial.

Algunos de los grandes nombres de las últimas épocas son conocidos en la historia como Shri Sankaracharya, Vyasa, Mahoma, Jesús de Nazareth y Krishna, y también los iniciados menores como Pablo de Tarso, Lutero y algunas luminarias destacadas de la historia europea. Estos hombres y mujeres siempre han sido agentes para llevar a cabo el propósito de la raza, lograr condiciones grupales y fomentar la evolución de la humanidad. A veces han aparecido como fuerzas benefactoras, trayendo consigo paz y bienestar. Con frecuencia han llegado como agentes de destrucción de las antiguas formas religiosas y de gobierno, para poder ser liberada la vida dentro de la forma en rápida cristalización, construyendo para sí un nuevo y mejor vehículo.

Mucho de lo que aquí se dice es bien conocido y fue expuesto en diferentes libros esotéricos. Sin embargo, en la sabia y cuidadosa enunciación de los hechos recopilados y su correlación con lo que podría ser nuevo para algunos estudiantes, llega la eventual captación sintética del gran plan y la comprensión inteligente y uniforme del trabajo de ese gran grupo de almas liberadas que, con absoluta autoabnegación, permanece silenciosamente detrás del panorama mundial. Por el poder de Su voluntad, la fuerza de Sus meditaciones, la sabiduría de Sus planes y Su conocimiento científico de la energía, dirigen las corrientes de fuerza y controlan a esos agentes constructores de la forma que producen lo visible y lo invisible, lo activo y lo inactivo, en la esfera de la creación en los tres mundos. Esto, unido a su vasta experiencia, los capacita para ser agentes distribuidores de la energía del Logos planetario.

Como ya se ha afirmado, a la cabeza de todas las actividades, controlando cada unidad y dirigiendo toda evolución, se halla el REY, el Señor del Mundo, Sanat Kumara, el Joven de los Eternos Veranos, y el Manantial de la Voluntad (demostrándose como Amor) del Logos planetario. Colaborando con Él y como Sus consejeros, hay tres Personajes llamadas Pratyeka Budas, o Budas de Actividad. Estos cuatro Seres encarnan la voluntad activa, amorosa e inteligente. Son el pleno florecimiento de la inteligencia, habiendo logrado en un sistema solar anterior lo que el hombre está ahora tratando de perfeccionar. En anteriores ciclos de este sistema, Ellos comenzaron a demostrar amor inteligente y, desde el punto de vista del hombre, el ser humano común, son el amor e inteligencia perfectos, aunque desde el punto de vista de esa Existencia que en Su cuerpo de manifestación abarca también nuestro sistema planetario, ese aspecto amor se halla aún en proceso de desarrollo y la voluntad es sólo embrionaria. Será otro el sistema solar que verá fructificar el aspecto voluntad, así como el amor madurará en el nuestro.

En torno al Señor del Mundo, pero separados y ocultos, hay otros tres Kumaras, que completan los siete de la manifestación planetaria.

Su trabajo es necesariamente incomprensible para nosotros. Los tres Budas exotéricos o Kumaras, son la totalidad de la actividad o energía planetaria, y los tres Kumaras esotéricos encarnan tipos de energía que no están en plena manifestación en nuestro planeta. Cada uno de estos seis Kurnaras es un reflejo y un agente distribuidor de la energía y fuerza de uno de los otros seis Logos planetarios, los restantes seis espíritus ante el Trono. En este esquema sólo Sanat Kumara se sostiene y se basta a Sí Mismo, porque es la encarnación física de uno de los Logos planetarios, pero no puede ser revelado cuál de ellos, por ser uno de los secretos de la iniciación. A través de cada uno de Ellos pasa la fuerza vital de uno de los seis rayos, y al considerarlos se podría resumir Su trabajo y posición de la manera siguiente:

1.     Cada uno encarna uno de los seis tipos de energía, siendo el Señor del Mundo el que sintetiza y encarna el perfecto séptimo tipo, nuestro tipo planetario.

2.     Cada uno se caracteriza por uno de los seis colores, y el Señor del Mundo manifiesta el pleno color planetario, siendo éstos también los seis subsidiarios.

3.     Por lo tanto, Su trabajo no sólo consiste en distribuir la fuerza, concierne a la entrada de los egos que buscan experiencia terrestre en nuestro esquema y que vienen de otros esquemas planetarios.

4.     Cada uno de Ellos está en comunicación directa con uno de los planetas sagrados.

5.     De acuerdo a las condiciones astrológicas y al giro de la rueda planetaria de la vida, así estará activo uno de estos Kumaras. Los tres Budas de actividad cambian de vez en cuando y se trasforman a su vez en exotéricos o esotéricos, según sea el caso. Únicamente el Rey permanece constante y alerta en activa encarnación física.

Además de estos personajes principales que presiden la Cámara del Concilio de Shamballa, existe un grupo de cuatro Seres que representan en el planeta los cuatro Maharajáes, o los cuatro Señores del Karma en el sistema solar, y se ocupan específicamente de la evolución del reino humano en la actualidad. Estos cuatro Seres tienen relación con:La distribución del karma o destino humano, en lo que afecta a los individuos y, a través de los individuos, a los grupos.

1.     El cuidado y clasificación de los archivos akásicos. Éstos se ocupan de la Sala de los Archivos o de las "anotaciones en los libros”, según se dice en la Biblia cristiana. En el mundo cristiano son conocidos como los ángeles registradores.

2.     La participación en los concilios solares. Sólo Ellos tienen derecho, durante el cielo mundial, a pasar mas allá de la periferia del esquema planetario y participar en los concilios del Logos solar. Debido a esto, son literalmente mediadores planetarios, que representan a nuestro Logos planetario y a todo aquello que. Le concierne en el esquema mayor, del cual Él es sólo una parte.

Cooperando con los Señores del Karma hay grandes grupos de iniciados y devas que se ocupan del correcto reajuste de

  1. el karma mundial,
  2. el karma racial,
  3. el karma nacional,
  4. el karma grupal,
  5. el karma individual,

y son responsables ante el Logos planetario de la correcta manipulación dé esas fuerzas y son agentes constructores que traen a los egos de los distintos rayos, en los momentos y temporadas exactos.

Poco tenemos que ver con todos estos grupos, porque sólo los iniciados de tercera iniciación y los de rango aún más excelso, entran en contacto con ellos.

Los otros miembros de la Jerarquía se dividen en tres grupos principales y cuatro subsidiarios; cada uno, como se observará en el diagrama que aparece en la página 51, está precedido por uno de los que denominamos los tres Grandes Señores.

El Trabajo del Manu.

El Manu preside el primer grupo. Se Lo llama Vaivasvata Manu, y es el Manu de la quinta raza raíz. Es el hombre ideal o pensador, y determina el tipo de nuestra raza aria, habiendo presidido sus destinos desde su comienzo, hace casi cien mil años. Otros aparecieron y desaparecieron, y Su lugar será ocupado por algún otro, en un futuro relativamente cercano. Entonces pasará a realizar un trabajo de mayor excelsitud. El Manu o prototipo de la cuarta raza raíz, trabaja en íntima relación con Él, y su centro de influencia se halla en China. Es el segundo Manu que ha tenido la cuarta raza raíz, y ha ocupado el lugar del anterior, durante las etapas finales de la destrucción de la Atlántida. Ha permanecido para fomentar el desarrollo del tipo racial y provocar su desaparición final. Los períodos de actuación de los diversos Manus se superponen; actualmente no queda en el globo ningún representante de la tercera raza raíz. El Vaivasvata Manu reside en los Himalayas y ha reunido a Su alrededor, en Shigatsé, a algunos de los que están relacionados directamente con las cuestiones arias en la India, Europa y América, y a aquellos que más tarde se ocuparán de la futura sexta raza raíz. Los planes se preparan para épocas futuras; se constituyen centros de energía, miles de años antes que sean necesarios, y por la sabia previsión de estos Hombres Divinos, nada se deja al azar, sino que todo se mueve en cielos ordenados y bajo regla y ley, aunque dentro de limitaciones kármicas.

El trabajo del Manu concierne en gran parte al gobierno, la política planetaria y el establecimiento, dirección y disolución. de tipos y formas raciales. A Él se le confía la voluntad y el propósito del Logos planetario. Sabe cuál es el objetivo inmediato para este ciclo de evolución que debe presidir, y Su trabajo consiste en hacer cumplir esa voluntad. Trabaja en más estrecha colaboración con los devas constructores, que con Su Hermano el Cristo, pues Su misión es establecer el tipo racial, segregar los grupos por los cuales se desarrollarán las razas, manipular las fuerzas que mueven la corteza terrestre, levantar y hundir continentes, dirigir la mente de los estadistas de todas partes, para que el gobierno racial proceda como es de desear y se logren las condiciones que proporcionarán el personal necesario para fomentar cualquier tipo racial particular. Ya se observa en América del Norte y en Australia un trabajo similar.

La energía que afluye a través de Él, emana del centro coronario del Logos planetario y Le llega a través del cerebro de Sanat Kurnara, que centraliza en Sí toda la energía planetaria. Actúa por medio de la meditación dinámica, llevada a cabo en el centro coronario, produciendo resultados por Su perfecta comprensión de lo que debe realizarse, por Su poder de visualizar lo que debe hacerse para lograr la realización, y por Su capacidad de trasmitir energía creadora y destructora a quienes son Sus ayudantes. Todo esto se realiza por el poder de la emisión del sonido.

El Trabajo del Instructor del Mundo, el Cristo.

El segundo grupo está presidido el Instructor del Mundo. Es ese gran Ser que los cristianos denominan Cristo. En Oriente es conocido como el Bodhisattva y el Señor Maitreya, y por los devotos mahometanos, como el Iman Madhi. Ha presidido los destinos de la vida desde el año 600 a. C.; es Quien apareció entre los hombres y a Quien se espera nuevamente. Es el gran Señor de Amor y Compasión, así como su predecesor, Buda, fue el Señor de Sabiduría. A través de Él fluye la energía del segundo aspecto que Le llega directamente desde el centro cardíaco del Logos planetario, a través del corazón de Sanat Kurnara. Actúa por la meditación centrada en el corazón. Es el Instructor del Mundo, el Maestro de Maestros y el Instructor de Ángeles, y se Le ha confiado la guía de los destinos espirituales de los hombres y el despertar del reconocimiento de que cada ser humano es una criatura de Dios y un hijo del Altísimo.

Así como el Manu se ocupa de proporcionar el tipo y las formas a través de las cuales la conciencia puede evolucionar y adquirir experiencia, haciendo posible la existencia en su sentido más profundo, así el Instructor del Mundo dirige esa conciencia inmanente en su aspecto vida o espíritu, tratando de energetizarla dentro de la forma, para ser ésta descartada a su debido tiempo, y el espíritu liberado volver a su origen. Desde que dejó la Tierra, como dice con relativa exactitud la Biblia (aunque con muchos errores en los detalles), siempre ha permanecido con los hijos de los hombres. Nunca nos ha abandonado, sino en apariencia, y quienes conocen el camino pueden hallarlo en cuerpo físico en los Himalayas, trabajando en íntima colaboración con Sus dos grandes Hermanos, el Manu y el Mahachohan. Diariamente imparte su bendición al mundo, y permanece todos los días bajo el gran pino de Su jardín, a la puesta del sol, con las manos en alto, bendiciendo a quienes tienen verdadera y fervorosa aspiración. Conoce a todos los buscadores, y aunque no tengan conciencia de Él, la luz que de Él afluye estimula sus deseos, fomenta la chispa de vida naciente y espolea al aspirante hasta el amanecer del gran día en que se enfrente con Aquel Que "al ser ascendido" ‑entendido esotéricamente‑ atraerá hacia Sí a todos los hombres, como Iniciador de los sagrados misterios.

El Trabajo del Señor de la Civilización, el Mahachohan.

El Mahachohan encabeza el tercer grupo. Su autoridad sobre el mismo persiste durante un período más extenso que el de Sus dos Hermanos, y puede desempeñar Su cargo durante varias razas raíces. Es la totalidad del aspecto inteligencia. El actual Mahachohan no es el que originariamente ocupó el lugar al establecerse la Jerarquía en los días de Lemuria ‑ entonces era ocupado por uno de los Kumaras o Señores de la Llama que encarnaron con Sanat Kumara‑; y el Mahachohan ocupó Su lugar en la segunda subraza de la raza raíz atlante. Había logrado el estado de adepto en la cadena lunar, y por medio de Su complementación, un gran número de seres humanos avanzados vinieron a la encarnación a mediados de la raza raíz atlante. La afiliación kármica con Él, fue una de las causas predisponentes que hicieron posible esta eventualidad.

Su trabajo es fomentar y fortalecer la relación entre espíritu y materia, vida y forma, yo y no‑yo, cuyo resultado es lo que llamamos civilización. Maneja las fuerzas de la naturaleza, y es en gran parte la fuente emanante de energía eléctrica, tal como la conocemos. Por ser reflejo del tercer aspecto o creador, la energía del Logos planetario fluye hacia Él desde el centro laríngeo, y es Quien de muchas maneras hace posible el trabajo de Sus hermanos. Le presentan Sus planes y deseos y por Su intermedio llegan las instrucciones a un gran número de agentes dévicos.

Así tenemos Voluntad, Amor e Inteligencia, representados en estos tres Grandes Señores; tenemos el yo y el no‑yo, y su relación sintetizada en la unidad de la manifestación; tenemos gobierno racial, religión y civilización, constituyendo un todo coherente, y la manifestación física, el aspecto amor o deseo, y la mente del Logos planetario, exteriorizándose en objetividad. Entre estas tres Personalidades existe la más íntima colaboración y unidad, y todo movimiento, plan y acontecimiento, tienen su existencia en Su previo conocimiento unido. Están en continuo contacto con el Señor del Mundo en Shamballa, y la dirección de todos los asuntos descansa en sus manos y en las del Manu de la cuarta raza raíz. El Instructor del Mundo ocupa Su lugar, en conexión con las razas raíces cuarta y quinta.

Cada uno de estos guías departamentales dirige cierto número de cargos subsidiarios, y el departamento del Mahachohan está dividido en cinco secciones, que abarcan los cuatro aspectos menores del gobierno jerárquico.

A las órdenes del Manu trabajan los regentes de las distintas divisiones del mundo, como por ejemplo, el Maestro Júpiter, regente de la India, el más antiguo de Los que trabajan ahora para la humanidad en cuerpo físico, y el Maestro Rakoczi, que es el regente de Europa y América. Debe recordarse que aunque el Maestro R., por ejemplo, pertenece al séptimo rayo y está sujeto al departamento de energía del Mahachohan, sin embargo, en el trabajo jerárquico puede desempeñar, y desempeña, temporariamente, el cargo bajo el Manu. Estos regentes, aunque desconocidos, tienen en Sus manos las riendas del gobierno de los continentes y las naciones, guiando así, aunque en forma desconocida, sus destinos, inspirando a estadistas y gobernantes; vierten energía mental en los grupos gobernantes, logrando los resultados deseados cuando encuentran colaboración e intuición receptiva entre los pensadores.

El Instructor del Mundo preside el destino de las grandes religiones, por medio de un grupo de Maestros e Iniciados que dirigen las actividades de las diferentes escuelas de pensamiento. A título de ilustración, el Maestro Jesús, inspirador y director de las Iglesias cristianas de todo el mundo, aunque es un adepto de sexto rayo en el departamento del Mahachohan, trabaja actualmente bajo el Cristo en bien de la cristiandad; otros Maestros ocupan puestos similares en relación con los grandes credos orientales y las diversas escuelas de pensamiento en Occidente:

En el departamento del Mahachohan, gran número de Maestros, en quíntuple división, trabaja con la evolución dévica, y el aspecto inteligencia del hombre, y corresponde a los cuatro rayos menores de atributo,

1. el rayo de armonía o belleza,

2. el rayo de ciencia concreta o conocimiento,

3. el rayo de devoción o idealismo abstracto,

4. el rayo de ley ceremonial o magia,

así como los tres guías de departamentos representan los tres rayos mayores de:

1.     Voluntad o poder.

2.     Amor o sabiduría.

3.     Inteligencia activa o adaptabilidad.

Los cuatro rayos o atributos de la mente, con el tercer rayo de la inteligencia, están sintetizados por el Mahachohan y constituyen la totalidad del quinto principio de la mente a manas.

CAPÍTULO VI

LA LOGIA DE MAESTROS

Las Divisiones.

Hemos considerado parcialmente los cargos superiores en las filas de la Jerarquía de nuestro planeta. Ahora trataremos lo que se podría llamar las dos divisiones en que están distribuidos los miembros restantes. Forman, literalmente, dos Logias dentro de un conjunto mayor:

1.     La Logia -- constituida por iniciados que han pasado la quinta iniciación, y un grupo de devas o ángeles.

2.     La Logia Azul, constituida por iniciados de la tercera, cuarta y quinta iniciaciones.

Inferior a éstos hay un gran grupo de iniciados de la primera y segunda iniciaciones y luego los discípulos de toda graduación. Los discípulos se consideran afiliados a la Logia, pero no miembros de la misma. Finalmente vienen los que están en probación y esperan ser afiliados, mediante arduos esfuerzos.

Desde otro punto de vista, podemos considerar que los miembros de la Logia forman siete grupos, representando cada uno de ellos un tipo de la séptuple energía planetaria que emana del Logos planetario. La triple división ha sido dada al principio, porque en la evolución tenemos siempre los tres mayores (que se manifiestan a través de los tres departamentos), y luego los siete que se presentan como una triple diferenciación y un septenario. Los estudiantes deben recordar que todo lo que aquí se imparte se refiere al trabajo de la Jerarquía, en conexión con el cuarto reino o humano, y especialmente a esos Maestros que trabajan con la humanidad. Si se tratara de la evolución dévica, la clasificación y división serían totalmente distintas.

Además, hay ciertos aspectos del trabajo jerárquico que afectan, por ejemplo, al reino animal; este trabajo pone en actividad a seres, trabajadores y adeptos, totalmente diferentes de los servidores del cuarto reino o reino humano. Por lo tanto, deben recordar cuidadosamente que estos detalles son relativos, y que el trabajo y el personal de la Jerarquía son infinitamente más grandes e importantes de lo que pueden parecer en una lectura superficial de estas páginas. En verdad, se trata de lo que podría ser considerado como Su trabajo primario, pues al servir al reino humano nos ocupamos de la manifestación de los tres aspectos de la divinidad, pero los demás departamentos son interdependientes y el trabajo progresa como un todo sintético.

Los trabajadores o adeptos, que se ocupan de la evolución de la familia humana, son sesenta y tres, si se tienen en cuenta los tres grandes Señores, para llegar a formar los nueve veces siete, necesarios para el trabajo. De éstos, cuarenta y nueve trabajan exotéricamente, si puede expresarse así, y catorce se ocupan más esotéricamente de la manifestación subjetiva. Muy pocos de Sus nombres son conocidos por el público, y en muchos casos no sería prudente revelar quiénes son, dónde viven y cuál es Su particular esfera de actividad. Una pequeña minoría, debido al karma grupal y a la disposición de sacrificarse, en los últimos cien años han sido conocidos por el público, y en lo que a Ellos respecta puede darse cierta información. En la actualidad muchas personas, independientemente de cualquier escuela de pensamiento, son conscientes de su existencia, y el reconocimiento de que aquellos a quienes conocen personalmente trabajan en un gran esquema de esfuerzo unificado, puede alentar a estos verdaderos conocedores y testimoniar su conocimiento y establecer así, más allá de toda controversia, la realidad de Su trabajo. Ciertas escuelas de ocultismo y orientación teosófica han pretendido ser las únicas depositarias de Sus enseñanzas y la única exteriorización de Sus esfuerzos, limitando, en consecuencia, lo que Ellos hacen y formulando premisas que el tiempo y las circunstancias no corroborarán. Trabajan ciertamente por medio de tales grupos de pensadores y ponen la mayor parte de sus fuerzas en la tarea de tales organizaciones; sin embargo, tienen Sus discípulos y Sus adictos en todas partes, trabajando a través de muchos grupos y aspectos de la enseñanza. En todo el mundo, los discípulos de estos Maestros han encarnado en esta época con el único fin de participar en las actividades, tareas y difusión de la verdad de las distintas iglesias, ciencias y filosofías, produciendo así, dentro de la organización misma, una expansión, una extensión y la desintegración necesaria, que de otra forma resultaría imposible. Sería conveniente que todo estudiante de esoterismo conociera estos hechos y cultivara la capacidad de reconocer la vibración jerárquica, tal como se manifiesta a través de los discípulos, en los lugares y grupos más inverosímiles.

En lo que respecta al trabajo de los Maestros a través de sus discípulos, debería explicarse un punto, y es que las diversas escuelas de pensamiento, fomentadas por la energía de la Logia, son fundadas en cada caso por uno o varios discípulos, y sobre ellos y no sobre el Maestro recae la responsabilidad de los resultados y el karma consiguiente. El procedimiento es más o menos el siguiente: El Maestro revela al discípulo el objetivo que se propone realizar en un breve ciclo inmediato y le sugiere la conveniencia de tal o cual desarrollo. El trabajo del discípulo consiste en asegurarse el mejor método para obtener los resultados deseados, y en formular planes por medio de los cuales obtener cierto éxito. Entonces inicia sus proyectos, funda su sociedad u organización, y difunde la enseñanza necesaria. Sobre él recae la responsabilidad de elegir colaboradores apropiados, trasmitir el trabajo a los más capacitados y presentar debidamente la enseñanza. Todo lo que hace el Maestro es observar el esfuerzo con interés y simpatía; mientras tanto el discípulo mantiene su elevado ideal inicial y sigue su camino con puro altruismo.

El Maestro no es culpable si el discípulo muestra falta de discernimiento en la elección de colaboradores o evidencia incapacidad para representar la verdad. Si lo hace bien y el trabajo progresa, como es de desear, el Maestro continuará impartiendo Su bendición sobre el esfuerzo. Si fracasa y sus sucesores se apartan del impulso original, difundiendo así toda clase de errores, el Maestro, con amor y simpatía, omitirá esa bendición, retendrá Su energía y dejará de estimular aquello que es mejor que desaparezca. Las formas van y vienen y el interés del Maestro y Su bendición, fluirán a través de un canal u otro; el trabajo puede continuar por cualquier medio, pero siempre la fuerza de la vida persistirá, destruyendo la forma allí donde sea inadecuada o utilizándola cuando satisfaga la necesidad inmediata.

Algunos Maestros y su trabajo.

En el primer gran grupo del cual el Manu es el Guía, se hallan dos Maestros, el Maestro Júpiter y el Maestro Morya. Ambos han trascendido la quinta Iniciación, y el Maestro Júpiter, que además es Regente de la India, es considerado el más antiguo por toda la Logia de Maestros. Habita en las colinas de Nilgherry, en el sur de la India, y es uno de los Maestros que generalmente no aceptan discípulos, pues figuran entre éstos sólo iniciados de grado superior y un buen número de Maestros. En sus manos están las riendas del gobierno de la India, incluyendo gran parte de la frontera norte, y sobre Él recae la ardua tarea de guiar finalmente a este país, para que salga del presente caos e intranquilidad y sus diversos pueblos se fusionen en una síntesis final. El Maestro Morya, uno de los adeptos orientales más conocidos, reúne entre Sus discípulos a un gran número de europeos y americanos; es un príncipe Rajput, que durante muchas décadas ocupó una posición prominente en los asuntos de la India.

Actúa en estrecha colaboración con el Manu y oportunamente será el Manu de la sexta raza raíz. Vive, como Su Hermano K.H., en Shigatsé, en los Himalayas, y es una figura muy conocida por los habitantes de esa lejana villa. Es un hombre alto y de presencia imponente, de cabello y barba negros y ojos oscuros, y Su aspecto podría considerarse severo, si no fuera por la expresión de Sus ojos. Él y Su Hermano, el Maestro K.H., trabajan casi como una unidad, y así lo han hecho durante siglos y lo harán en el futuro, pues el Maestro K.H. está preparado para ocupar el puesto de Instructor del Mundo, cuando el actual titular lo deje para realizar un trabajo más elevado, y venga a la existencia la sexta raza raíz. Las casas que habitan están juntas, y gran parte del tiempo trabajan en estrecha asociación. Como el Maestro M. pertenece al primer rayo, el de la Voluntad y Poder, Su trabajo consiste en gran parte en llevar a cabo los planes del actual Manu. Actúa como inspirador de los estadistas del mundo; maneja, por medio del Mahachohan, las fuerzas que producirán las condiciones necesarias para el progreso de la evolución racial. En el plano físico, los grandes ejecutivos nacionales con ideales internacionales y amplia visión, están influidos por Él, y con Él cooperan ciertos grandes devas del plano mental; tres grandes grupos de ángeles trabajan también con Él en niveles mentales, en unión con devas menores que vitalizan formas mentales y, en bien de toda la humanidad, mantienen vivas las formas mentales de los Guías de la raza.

El Maestro M, tiene un gran grupo de discípulos bajo su instrucción, trabaja con muchas organizaciones esotéricas y también por medio de los políticos y estadistas del mundo.

       El Maestro Koot Humi, muy conocido en Occidente, tiene muchos discípulos en todas partes, es oriundo de Cachemira y Su familia originalmente procedió de la India. Es también un Iniciado de alto grado y pertenece al segundo rayo de Amor Sabiduría. Es de noble presencia y alta estatura, aunque algo menos corpulento que el Maestro M.; de tez blanca, cabello y barba color castaño dorado, y ojos de un maravilloso azul profundo, a través de ellos parece fluir el amor y la sabiduría le las edades. Tiene una gran experiencia y una vasta cultura; fue originalmente educado en una de las Universidades británicas y habla correctamente el inglés. Lee mucho, y los libros de todas las literaturas en diversos idiomas, llegan a Su estudio en el Himalaya.  Se ocupa principalmente de la vitalización de ciertas grandes tendencias filosóficas y Se interesa por algunas organizaciones filantrópicas. Le corresponde, en gran parte, el trabajo de estimular la manifestación del amor, latente en el corazón de todos los hombres, y despertar en la conciencia de la raza la percepción del gran hecho fundamental de la hermandad.

Actualmente el Maestro M., el Maestro K. H. y el Maestro Jesús, están íntimamente interesados en el trabajo de unificar, hasta donde sea posible, el pensamiento oriental y el occidental, de modo que las grandes religiones orientales, con el último desarrollo alcanzado por el credo cristiano en todas sus ramificaciones, puedan beneficiarse mutuamente. Se espera que de este modo venga a la existencia la gran Iglesia Universal.

El Maestro Jesús, punto focal de la energía que fluye a través de las distintas iglesias cristianas, ocupa actualmente un cuerpo sirio y vive en algún lugar de Tierra Santa. Viaja mucho   y pasa largas temporadas en diversas partes de Europa. Trabaja más  especialmente con las masas que con los individuos, aunque ha reunido a Su alrededor un numeroso grupo de discípulos. Pertenece al sexto rayo de Devoción o Idealismo Abstracto, y Sus discípulos se caracterizan frecuentemente por ese fanatismo y devoción que se manifestó en los mártires de los primitivos tiempos cristianos. Es de apariencia marcial, exige disciplina, es un hombre de voluntad y dominio férreos. Alto y delgado, de rostro largo y fino, pelo negro, tez pálida y penetrantes ojos azules. Su trabajo actual es de gran responsabilidad, pues le fue asignada la tarea de orientar el pensamiento occidental, para sacarlo de su actual estado de intranquilidad y llevarlo a las pacíficas aguas de la certidumbre y del conocimiento, preparando así el advenimiento, en Europa y América, del Instructor del Mundo. Es muy conocido en la historia bíblica, apareciendo primero como Joshua, el hijo de Nun; luego aparece nuevamente en los tiempos de Ezra, como Jeshua, recibiendo la tercera iniciación, que en el Libro de Zacarías es relatada como la de Joshua, y en, el Evangelio es conocido por dos grandes sacrificios, aquel en que entregó Su cuerpo para que el Cristo lo utilizara, y el de la gran renunciación, característica de la cuarta iniciación. Como Apolonio de Tiana, recibió la quinta iniciación y Se convirtió en Maestro de Sabiduría. Desde entonces permaneció y actuó en la Iglesia Cristiana, fomentando el germen de la verdadera vida espiritual entre los miembros de las sectas y divisiones, y neutralizando en lo posible los errores y equívocos de clérigos y teólogos. Es netamente el gran Líder, el General y el Sabio ejecutivo, y en los asuntos de las iglesias coopera estrechamente con el Cristo, ahorrándole mucho trabajo y actuando como Su intermediario, cuando es posible. Nadie como Él conoce tan profundamente los problemas de Occidente; nadie está tan íntimamente en contacto con quienes representan mejor las enseñanzas cristianas, y nadie conoce tan bien la necesidad del momento actual. Algunos eminentes prelados de las iglesias Anglicana y Católica son Sus agentes.

El Maestro Djwal Khul o Maestro D. K., como se lo llama frecuentemente, es otro adepto del segundo rayo de Amor‑Sabiduría, el último de los adeptos que pasaron la iniciación, pues recibió la quinta iniciación en 1875; conserva el mismo cuerpo de entonces; la mayoría de los Maestros la recibieron en cuerpos anteriores, su cuerpo de origen tibetano no es joven. Está dedicado al Maestro K. H. y vive en una casita cercana a la de este Maestro. Por Su disposición a servir y a hacer cuanto sea necesario, ha sido llamado "el Mensajero de los Maestros". Es muy culto y tiene más conocimiento acerca de los rayos y de las Jerarquías planetarias del sistema solar, que ningún otro Maestro. Trabaja con quienes se dedican a la curación, y coopera en los grandes laboratorios del mundo en forma desconocida e invisible, con los buscadores de la verdad, con todos los que tratan definidamente de curar y aliviar al mundo y con los grandes movimientos filantrópicos mundiales, tales como la Cruz Roja. Se ocupa de los discípulos de los distintos Maestros, que pueden aprovechar su instrucción, y en los últimos diez años ha aliviado, en gran parte, el trabajo de enseñanza de los Maestros M. y K. H., tomando a Su cargo, por determinado tiempo, algunos de Sus aspirantes y discípulos. También trabaja mucho con ciertos grupos de devas del éter, que son devas sanadores y colaboran así con Él en el trabajo de remediar algunos males físicos de la humanidad. Dictó gran parte de la monumental obra La Doctrina Secreta, y le hizo ver a H. P. Blavatsky muchas ilustraciones y datos que aparecen en ese libro.

El Maestro Rakoczi se ocupa especialmente del futuro desarrollo de los asuntos raciales de Europa y del desarrollo mental en América y Australia. Es húngaro, tiene su hogar en los Cárpatos, habiendo sido en un momento dado una figura muy conocida en la corte húngara. Se pueden encontrar referencias en antiguos libros de historia, fue particularmente conocido como el Conde de Saint‑Germain, anteriormente como Roger Bacon y después como Francis Bacon. Es interesante observar que, a medida que el Maestro R. se hace cargo de los asuntos de Europa, en los planos internos, el nombre de Francis Bacon se hace más público en la controversia Bacon‑Shakesperiana. Es más bien bajo y delgado, con barba negra y puntiaguda y cabello lacio y negro. No acepta tantos discípulos como los Maestros ya mencionados. En la actualidad dirige la mayoría de los discípulos de tercer rayo de Occidente, juntamente con el Maestro Hilarión. pertenece al séptimo rayo de Magia u Orden Ceremonial, y actúa principalmente por medio del ritual y el ceremonial esotéricos; tiene vital interés por los efectos hasta ahora no reconocidos del ceremonial francmasón, el de las diversas fraternidades y el de todas las iglesias. En la Logia se lo llama generalmente "el Conde" y en América y Europa actúa prácticamente como director general, en la realización de los planes del consejo ejecutivo de la Logia. Algunos Maestros forman un grupo interno alrededor de los tres Grandes Señores, y se reúnen en concilio con mucha frecuencia.

       El Maestro Hilarión pertenece al quinto rayo de Conocimiento Concreto o Ciencia, y en una encarnación anterior fue Pablo de Tarso. Tiene cuerpo cretense, pero pasa gran parte de su tiempo en Egipto. Dio al mundo el tratado ocultista llamado Luz en el Sendero y Su trabajo resulta particularmente interesante, para el gran público, en la crisis actual, pues trabaja con quienes desarrollan la intuición, y controla y trasmuta los grandes movimientos que tienden a descorrer el velo de lo invisible. Su energía estimula a través de Sus discípulos a los grupos de investigadores síquicos, y fue quien inició, mediante varios de Sus discípulos, el movimiento espiritista. Tiene en observación a todos los síquicos de orden superior, y los ayuda a desarrollar sus poderes para bien del grupo; trabaja juntamente con algunos devas en el plano astral, para abrir, a los buscadores de la verdad, ese mundo subjetivo que está tras de la materia grosera.

Poco puede decirse sobre los dos Maestros ingleses. No aceptan discípulos en el sentido en que lo hacen los Maestros K. H. y M. Uno reside en Gran Bretaña, tiene a Su cargo la dirección definitiva de la raza anglosajona y trabaja en los planes del desarrollo y la evolución futuros. Está tras el movimiento laborista de todo el mundo, trasmutándolo y dirigiéndolo, y de la actual creciente oleada de la democracia. De la inquietud democrática, y del caos y la confusión actuales, surgirá la futura condición mundial, que tendrá como nota clave la cooperación, no la competencia; la distribución, no la centralización.

Mencionaremos aquí brevemente al Maestro Serapis, frecuentemente llamado el Egipcio. Pertenece al cuarto rayo, y de Él reciben enérgico impulso los grandes movimientos artísticos del mundo, la evolución de la música, de la pintura y del teatro. Actualmente dedica la mayor parte de Su tiempo y atención al trabajo de la evolución dévica o angélica, hasta que, mediante Su ayuda, sea posible hacer la gran revelación en el mundo de la música y de la pintura, en un futuro inmediato. No es posible agregar algo más acerca de Él ni revelar Su lugar de residencia.

El Maestro P. trabaja bajo la dirección del Maestro R. en Norteamérica; tuvo mucho que ver esotéricamente con las distintas ciencias mentales, como la Ciencia Cristiana y el Nuevo Pensamiento, constituyendo ambas un esfuerzo de la Logia en el afán de enseñar a los hombres la realidad de lo invisible y el poder, creador de la mente. Su cuerpo es irlandés; pertenece al cuarto rayo, y no puede ser revelado el lugar de Su residencia. Tomó a su cargo gran parte del trabajo del Maestro Serapis cuando Éste se ocupó de la evolución dévica.

El trabajo actual.

Serán tratados aquí ciertos hechos que se refieren a dichos Maestros y a Su trabajo presente y futuro. Primero, el trabajo de entrenar a Sus aspirantes y discípulos, para que sean de utilidad en dos grandes acontecimientos: uno, la venida del Instructor del Mundo a mediados o a fines del presente siglo, y otro, la fundación de la nueva sexta subraza con la reconstrucción de las actuales condiciones del mundo. Por ser la nuestra la quinta subraza de la quinta raza raíz, es muy grande la presión del trabajo en los cinco rayos de la mente, controlados por el Mahachohan. Dado que los Maestros soportan una carga muy pesada, gran parte de Su trabajo de enseñar a los discípulos ha sido delegado a iniciados y discípulos avanzados, y algunos de los Maestros de los rayos primero y segundo, se han hecho cargo temporariamente de los aspirantes en el departamento del Mahachohan.

Segundo, se debe preparar al mundo en amplia escala para la venida del Instructor mundial, y deben darse los pasos necesarios antes de que muchos de Ellos se manifiesten entre los hombres, y lo harán a fines de este siglo. Ya se está formando un grupo especial que se prepara expresamente para este trabajo. El Maestro M., el Maestro K. H. y el Maestro Jesús, se ocuparán especialmente de este movimiento, hacia fines de este siglo. Otros Maestros participarán también, pero los tres mencionados anteriormente son Aquellos con cuyos nombres y cargos la gente debe en lo posible familiarizarse.

Otros dos Maestros están especialmente relacionados con el séptimo rayo o ceremonial, y Su trabajo particular es supervisar el desarrollo de ciertas actividades, dentro de los próximos quince años, bajo la dirección del Maestro R. Puede asegurarse definitivamente que antes de la venida de Cristo se hará lo necesario para que esté al frente de las grandes organizaciones un Maestro o un iniciado que haya recibido la tercera iniciación. Maestros e iniciados estarán al frente de ciertos grandes grupos ocultistas de francmasones del mundo y de diversos sectores de la iglesia en muchas de las grandes naciones. Este trabajo de los Maestros se está realizando ya, y todos Sus esfuerzos tienden a una exitosa culminación. En todas partes Ellos reúnen a quienes de una u otra manera demuestran la tendencia a responder a las altas vibraciones, tratando de forzarlas y adaptarse a ellas, a fin de ser útiles en el momento de la venida de Cristo. Grande es el día de la oportunidad cuando llegue ese momento, porque debido a la enorme fuerza vibratoria, que entonces presionará sobre los hijos de los hombres, quienes realizan ahora el trabajo necesario, podrán dar un gran paso hacia adelante y franquear el portal de la  Iniciación.

CAPÍTULO VII

EL SENDERO DE PROBACIÓN

Preparación para la Iniciación.

       El sendero de probación precede al sendero de iniciación o santidad, y señala esa etapa de la vida del hombre cuando se pone definidamente del lado de las fuerzas de la evolución, trabajando al mismo tiempo en la construcción de su propio carácter. Entonces se controla a sí mismo, cultiva las cualidades de que carece y procura controlar afanosamente su personalidad. Construye su cuerpo causal con deliberado propósito, llenando los vacíos que puedan existir y tratando de convertirlo en adecuado receptáculo para el principio crístico. La analogía entre el período prenatal del ser humano y el desarrollo del espíritu interno, es sumamente interesante, y podría ser considerada como:

1.   El momento de la concepción, que corresponde al de la individualización.

2.    La gestación de nueve meses, que corresponde a la rueda de la vida.

3.    La primera iniciación, que corresponde a la hora del nacimiento.

El sendero de probación corresponde al último período de gestación, a la formación del Cristo niño en el corazón. En la primera iniciación el niño comienzo el peregrinaje en el sendero, lo cual representa simplemente el paso de un grado a otro. Se establece una estructura para el recto vivir, recto pensar y recta conducta. A esto se lo llama carácter, y ahora debe ser vivificado e internamente vivido. Thackeray ha descripto muy bien este proceso de construcción en las palabras frecuentemente citadas:

"Siembra una idea y cosecharás una acción; siembra una acción y cosecharás un hábito; siembra un hábito y cosecharás un carácter; siembra un carácter y cosecharás un destino".

El destino inmortal de cada uno y de todos, consiste en alcanzar la conciencia del yo superior y, por lo tanto, la del Espíritu Divino. Cuando la forma está preparada y cuando el templo de Salomón ha sido edificado en la cantera de la vida personal, entonces penetra la vida crística y la gloria del Señor se proyecta en Su templo. La forma se hace vibrante. Aquí reside la diferencia entre la teoría y la conversión de esa teoría en parte de uno mismo. Podemos tener un cuadro o imagen perfecta, pero carece de vida; la vida podrá ser modelada de acuerdo a lo divino, hasta donde sea posible; podrá ser una excelente copia, pero carece del principio crístico interno. El germen ha estado allí, pero aletargado: Entonces es sustentado y traído a la vida, y así se logra la primera iniciación.

Mientras el hombre recorre el sendero de probación, se le enseña principalmente a conocerse a sí mismo, a cerciorarse de sus debilidades y a corregirlas. Al principio aprende a trabajar como auxiliar invisible, manteniéndose generalmente durante varias vidas en este tipo de trabajo. Más tarde, y a medida que progresa, se le da un trabajo más selecto, se le enseña los rudimentos de la Sabiduría Divina y entra en los últimos grados del Aula del Aprendizaje. Es conocido por un Maestro y está bajo el cuidado, para su enseñanza definitiva, de uno de los discípulos de ese Maestro, o de un iniciado si posee grandes aptitudes.

Los iniciados de primero y segundo grado instruyen a los discípulos aceptados y a quienes están en probación, realizándolo en todo el mundo entre las diez de la noche y las cinco de la mañana, lográndose así la completa continuidad de la enseñanza. Se reúnen en el Aula del Aprendizaje, y el método es parecido al de las grandes Universidades, clases a ciertas horas, trabajo experimental, exámenes, y un gradual ascenso y progreso a medida que se aprueban los exámenes. Cierto número de egos en el sendero de probación están en un sector análogo al de las escuelas de enseñanza secundaria y otros han ingresado en la Universidad. La graduación se obtiene cuando se recibe la iniciación y el iniciado entra en el Aula de la Sabiduría.

Los egos avanzados y los de tendencia espiritual, que no están en el sendero de probación, reciben instrucciones de los discípulos y, para bien de ellos, a veces los iniciados dictan clases muy extensas. Su trabajo es más rudimentario, aunque oculto desde el punto de vista mundano, y aprenden a ser auxiliares invisibles, pero son supervisados. Éstos por lo general son extraídos de entre los egos avanzados. Quienes están en el sendero de probación, los más avanzados y los que están cerca de la iniciación, colaboran a menudo en lo que podría denominarse trabajo departamental, y forman un grupo de auxiliares para los Miembros de la Jerarquía.

Métodos de Enseñanza.

Tres departamentos de instrucción tienen a su cargo tres sectores del desarrollo del hombre.

Primero: Se le da instrucción, tendiente a disciplinar su vida, formar el carácter y desarrollar el microcosmos en líneas cósmicas. Se le enseña al hombre el significado de sí mismo; llega a conocerse como una compleja y completa unidad, una réplica en miniatura del mundo externo. Al conocer las leyes de su propio ser, llega a comprender al yo y a conocer las leyes fundamentales del sistema.

Segundo: Se le da instrucción referente al macrocosmos v se le amplía su acervo intelectual sobre la actuación del cosmos. Se le imparte información sobre los reinos de la naturaleza, enseñándosele las leyes de esos reinos y explicándosele la actuación de estas leyes en todos los reinos y planos. Adquiere un profundo caudal de conocimiento general, y cuando alcanza su propia periferia, es recibido por quienes lo conducirán al conocimiento enciclopédico. Cuando ha alcanzado la meta, quizás no conoce todo lo que debe saber de los tres mundos, pero tiene a su disposición el medio para saber cuáles son las fuentes del conocimiento y las reservas de la información. Un Maestro puede en todo momento obtener información sobre cualquier tema, sin la más mínima dificultad.

Tercero: Se le da instrucción sobre lo que podría denominarse síntesis. La información sólo es posible a medida que la intuición se coordina. En realidad es la comprensión oculta de la ley de gravedad o atracción (ley básica del segundo sistema solar), con todos sus corolarios. El discípulo aprende el significado de la cohesión oculta y el de la unidad interna, que mantiene al sistema como una unidad homogénea. Generalmente se le da la mayor parte de esta instrucción después de la tercera iniciación, aunque ya se ha comenzado al principio del entrenamiento.

Maestros y Discípulos.

Los discípulos y egos avanzados que están en el sendero de probación reciben instrucciones en esta particular época, por dos razones principales:

1.     Para probar su aptitud en el trabajo especial del futuro; este trabajo es sólo conocido por los Guías de la raza. Se pone a prueba su capacidad para vivir en comunidad, con miras a seleccionar a quienes son apropiados para ingresar en la colonia de la sexta subraza. Se los prueba en distintos aspectos del trabajo, muchos de ellos ahora incomprensibles para nosotros, y a medida que pase el tiempo se convertirán en métodos comunes de desarrollo. Los maestros también ponen a prueba a aquellos cuya intuición ha llegado a una etapa de desarrollo que indica el comienzo de la coordinación del vehículo búdico o, con más exactitud, cuando han alcanzado la etapa en que pueden ser percibidas, en el aura del ego, las moléculas del séptimo subplano del plano búdico. Cuando esto ocurre los Maestros pueden continuar confiadamente Su trabajo de instrucción, porque saben que algunos de los hechos impartidos serán comprendidos.

2.     Actualmente se está instruyendo a un grupo especial de individuos que han encarnado en este período crítico de la historia del mundo. Lo han hecho todos al mismo tiempo y en todo el mundo, para llevar a cabo el trabajo de vincular los dos planos, el físico y el astral, por medio del etérico.

La frase antedicha merece una seria consideración, porque abarca el trabajo que vinieron a realizar ciertos individuos de la nueva generación. Para vincular los dos planos se requieren personas que estén polarizadas en sus cuerpos mentales (o si no, bien desarrolladas y equilibradas), por lo tanto pueden trabajar sin peligro e inteligentemente en este tipo de tarea. Esto, ante todo, requiere personas en cuyos vehículos haya cierta proporción de materia del subplano atómico, de modo que pueda efectuarse la comunicación directa entre lo superior y lo inferior, por medio de la sección transversal atómica del cuerpo causal. No resulta fácil explicar esto con claridad, pero un estudio del diagrama que aparece en el libro Estudio sobre la Conciencia de Annie Besant, puede ser de utilidad para aclarar algunos puntos difíciles.

Al reflexionar sobre el asunto de los Maestros y Sus discípulos, debemos. reconocer dos cosas: Primero, que en la Jerarquía nada se pierde cuando no se acepta la Ley de Economía. Todo consumo de fuerza por parte de un Maestro o Instructor, está sujeto a una sabia previsión y discernimiento. Así como no nos valemos de profesores universitarios para enseñar a los principiantes, tampoco los Maestros trabajan individualmente con los hombres si no han llegado a cierta etapa de evolución ni están preparados para aprovechar la instrucción.

Segundo, debe recordarse que cada uno de nosotros es reconocido por el brillo de su luz. Éste es un hecho oculto. Cuanto más sutil es la materia de nuestros cuerpos, más brillará la luz interna. La luz es vibración, y por la intensidad de la vibración se mide la aptitud de cada uno. De allí que nada pueda impedir el progreso del hombre, siempre que trate de purificar sus vehículos. A medida que continúa el proceso de refinamiento, la luz interna brillará con claridad cada vez mayor, hasta que ‑cuando predomine la materia atómica‑ grande será la gloria del hombre interno. En consecuencia, todos somos graduados de acuerdo a la intensidad de la luz, al grado de vibración, a la pureza del tono y a la claridad del color. Por lo tanto, de nuestra graduación depende quien será nuestro Instructor. El secreto reside en la similitud de vibración. Se dice con frecuencia, que cuando la demanda es suficientemente fuerte, el Instructor aparece. Cuando construimos con la debida vibración y nos ponemos a tono con la clave correcta, nada puede impedir que descubramos al Maestro.

     Los grupos de egos se forman de acuerdo a:

1.     su rayo,

2.     su subrayo,

3.     su grado de vibración.

    Además son agrupados para su clasificación,

  1. en egos, de acuerdo al rayo egoico,  
  1. en personalidades, de acuerdo al subrayo que rige la personalidad.

Todos están graduados y clasificados. Los Maestros tienen Sus archivos, donde, mediante un sistema de clasificación incomprensible para nosotros por su magnitud y necesaria complicación, se guardan las fichas que están al cuidado del Chohan de cada rayo, pues cada rayo posee su propia colección. Estas fichas divididas por secciones (se refieren a egos encarnados, desencarnados y perfeccionados) están a su vez bajo el cuidado de guardianes subalternos. Los Señores Lipikas, con sus numerosos grupos de auxiliares, las utilizan con más frecuencia. Muchos egos desencarnados que esperan encarnar, o que recién han dejado la tierra, sacrifican su tiempo en el cielo para ayudar en este trabajo. Dichos archivos se encuentran, en su mayoría, en los niveles inferiores del plano mental y en los superiores del astral, porque allí pueden ser mejor utilizados y más fácilmente accesibles.

Los iniciados reciben directamente instrucciones de los Maestros o de algunos de los grandes devas o ángeles. Estas enseñanzas se imparten generalmente por la noche, en clases poco numerosas o, si la ocasión lo justifica, individualmente en el estudio particular del Maestro. Lo antedicho se aplica a los iniciados encarnados o a quienes están en los planos internos. Si están en los niveles causales reciben instrucción, en cualquier momento que se considere aconsejable, directamente del Maestro al ego.

A los discípulos encarnados se los instruye en grupos, en el ashrama del Maestro, o en clases, durante la noche. Aparte de estas reuniones regulares, y con el objeto de recibir enseñanza directa por un motivo especial, el Maestro puede llamar a Su estudio a un discípulo para una entrevista privada, o cuando quiere ver a un discípulo para alentarlo, prevenirlo o decidir si su iniciación es conveniente. La mayor parte de la tutela de un discípulo está en manos de algún iniciado o discípulo avanzado, que vigila a su hermano menor y es responsable, ante el Maestro, de su progreso, informándolo regularmente. El karma es, en gran parte, el árbitro de esta relación.

Precisamente, en la actualidad, y debido a la gran necesidad mundial, se emplea un método ligeramente diferente. Algunos Maestros que hasta ahora no admitían discípulos, instruyen intensamente a algunos de ellos. El trabajo de los Maestros que aceptan discípulos es tan grande, que fueron delegados a otros Sus estudiantes más prometedores, reuniéndolos en pequeños grupos durante un breve período. Se está realizando el experimento de intensificar la enseñanza y someter a los discípulos, no a los iniciados, a la frecuente y fuerte vibración de un Maestro. Hay un riesgo en ello, pero si el experimento da buenos resultados, contribuirá a ayudar enormemente a la raza.

 

CAPITULO VIII

EL DISCIPULADO

Descripción de un Discípulo.

Discípulo es aquel que, por sobre todo, se compromete a hacer tres cosas:

·       Servir a la humanidad.

·       Colaborar en el plan de los Grandes Seres, tal como lo ve, y de la mejor manera posible.

·       Desarrollar los poderes del ego, expandir su conciencia hasta poder actuar en el cuerpo causal, en los tres planos de los tres mundos, y seguir la guía del yo superior y no los dictados de su triple manifestación inferior.

Discípulo es aquel que comienza a comprender el trabajo grupal, y a trasladar su centro de actividad, desde sí mismo (como un eje alrededor del cual todo gira) al centro del grupo.

Discípulo es aquel, que comprende simultáneamente la relativa insignificancia de cada unidad de conciencia como también su vasta importancia. Se ajusta su sentido de proporción y ve las cosas tal cual son, a las personas como son, a sí mismo tal cual es inherentemente, entonces trata de llegar a ser lo que él es.

El discípulo comprende la vida o el aspecto fuerza de la naturaleza y no le atrae la forma. Trabaja con la fuerza y por medio de la fuerza; se reconoce como un centro de fuerza dentro de otro centro mayor de fuerza, y tiene la responsabilidad de dirigir la energía que puede afluir a través de él hacia los canales por medio de los cuales el grupo puede beneficiarse.

El discípulo reconoce que es, en mayor o menor grado, una avanzada de la conciencia del Maestro, considerando al Maestro en un sentido dual:

  1. Como su propia conciencia egoica.
  1. Como el centro de su grupo; fuerza que anima a las unidades del grupo, uniéndolas en un todo homogéneo.

Discípulo es aquel que transfiere su conciencia de lo personal a lo impersonal, y que durante la etapa de transición soporta necesariamente muchas dificultades y sufrimientos, provenientes de varias causas:

  1. De su yo inferior, que se rebela en contra de la transmutación.
  1. De su grupo inmediato, de sus amigos y familiares que se rebelan ante su creciente impersonalidad. No les agrada ser considerados uno con él, en el aspecto vida, y sin embargo independientes de él, en lo que respecta a deseos e intereses. No obstante, la ley rige, y sólo cabe verdadera unidad en la vida esencial del alma. Descubrir lo que la forma es, causa muchos sufrimientos al discípulo, pero el camino conduce eventualmente a la perfecta unión.

Discípulo es aquel que conoce su responsabilidad para con todas las unidades que están bajo su influencia ‑responsabilidad de colaborar con el plan de la evolución, tal como es para ellos, y así expandir las conciencias y enseñarles la diferencia entre lo real y lo irreal, la vida y la forma. Esto puede realizarlo muy fácilmente demostrando en su propia vida cuál es su meta, objetivo y centro de conciencia.

El trabajo que debe realizarse.

El discípulo tiene, en consecuencia, distintos objetivos:

Liberación de la preocupación. Debe recordarse que la preocupación se basa en lo personal, y es el resultado de un apasionamiento y de una respuesta excesivamente rápida a las vibraciones de los mundos inferiores.

Cumplimiento del deber. Este punto involucra el desempeño desapasionado de todas las obligaciones, y la debida atención a las deudas kármicas. Se debe acentuar, especialmente en todos los discípulos, el valor del desapasionamiento. La falta de discernimiento no es un obstáculo para el discípulo en estos días, debido al desarrollo de la mente; pero sí lo es, con frecuencia, la falta de desapasionamiento. Esto significa obtener ese estado de conciencia donde se observa el equilibrio y no dominan el placer ni el dolor, porque han sido reemplazados por la alegría y el gozo. Debe reflexionarse bien sobre esto, porque es necesario trabajar arduamente para obtener el desapasionamiento.

También debe estudiar el cuerpo karna‑manásico (cuerpo mente‑deseo). Es de real significación, pues por muchas causas es el cuerpo de mayor importancia en el sistema solar, en lo que concierne al ser humano en los tres mundos. En el próximo sistema, el vehículo mental de las unidades autoconscientes ocupará un lugar análogo, como lo ocupó el físico en el anterior sistema solar.

El discípulo también debe trabajar científicamente, si así puede decirse, en la construcción del cuerpo físico; esforzarse de modo de construir en cada encarnación un cuerpo que le sirva de mejor vehículo para la fuerza. De allí que sea práctico dar información sobre la iniciación. No hay momento en el día en que no se pueda vislumbrar esa meta y llevar a cabo el trabajo de preparación. Uno de los más grandes instrumentos para el desarrollo práctico, y que está al alcance de todos, es la PALABRA. Quien cuida sus palabras y sólo habla con fines altruistas, con el objeto de difundir la energía del amor por medio del lenguaje, domina rápidamente los pasos iniciales y se prepara para la iniciación. La palabra es la manifestación más esotérica que existe, el medio de la creación y el vehículo para la fuerza. En la parquedad de las palabras, entendiéndolo esotéricamente, está la conservación de la fuerza. En la utilización de las palabras, bien elegidas y habladas, radica la distribución de la fuerza del amor del sistema solar, esa fuerza que conserva, fortalece y estimula. Sólo a quien conozca parcialmente estos dos aspectos de la palabra, se le podrá confiar su permanencia ante el Iniciador, y extraerá de esa presencia ciertos sonidos y secretos, que le son impartidos bajo la promesa de guardar silencio.

El discípulo debe aprender a permanecer silencioso ante el mal, a callar ante los sufrimientos del mundo, sin perder tiempo en quejas inútiles y en demostraciones de dolor, sino tratar de aligerar la carga del mundo, y trabajar sin perder energías en palabras. Sin embargo, debe hablar cuando es necesario el estímulo, emplear la palabra con fines constructivos; expresar la fuerza del amor del mundo, a medida que fluye a través de él, a fin de aliviar o aligerar la carga, recordando que, a medida que la raza progresa, el elemento amor y su expresión entre los sexos, se trasladarán a un plano superior. Entonces, por medio de la palabra hablada, no por la expresión en el plano físico, como sucede hoy, se llegará a comprender el verdadero amor que une a quienes son uno solo en el servicio y en la aspiración. Entonces el amor entre los individuos de la familia humana utilizará la palabra para la creación en todos los planos, y la energía que ahora se manifiesta en la mayoría, a través de los centros inferiores o genitales, se trasladará al centro laríngeo. Éste es todavía un lejano ideal, pero algunos ya pueden vislumbrarlo y procuran, mediante el servicio mancomunado, la colaboración amorosa, la unicidad en aspiración, pensamiento y esfuerzo, dar forma y configuración a este ideal, aunque inadecuadamente.

Relaciones grupales.

El sendero del discípulo es escabroso; las dificultades y los obstáculos lo enfrentan en cada recodo del camino. Sin embargo, hollando el sendero y venciendo las dificultades, adhiriéndose al grupo en bien del mismo y uniéndose a los individuos y al desarrollo evolutivo en forma equilibrada, sobrevendrá al fin la fructificación y el logro de la meta. Así se evidencia el SERVIDOR de la raza. Es servidor porque no sirve a sus propios fines, y sus cuerpos inferiores no emiten vibraciones que puedan desviarlo del sendero elegido. Sirve porque sabe lo que hay en el hombre, y porque durante muchas vidas ha trabajado con individuos y grupos, ampliando gradualmente su campo de esfuerzo hasta reunir a su alrededor esas unidades de conciencia que puede energetizar y utilizar, y a través de las cuales llevará a cabo los planes de sus superiores. Tal es la meta, pero en las etapas intermedias abundan las dificultades para quienes están al borde del autodescubrimiento y de convertirse en el sendero mismo.

Un consejo práctico puede ser de valor aquí:

Estudiar con cuidado los tres primeros capítulos del Baghavad Gita. El problema de Arjuna es el de todos los discípulos, y la solución es eternamente la misma.

Estar alerta y vigilar el corazón. Es muy dolorosa la trasferencia del fuego del centro plexo solar al centro cardíaco. No es fácil amar como lo hacen los Grandes Seres, con amor puro, que no exige recompensa; con amor impersonal, que se regocija cuando hay respuesta, pero no la espera, y ama constante, silenciosa y profundamente, a través de las aparentes divergencias, con la seguridad de, que cuando todos hayan encontrado el camino hacia el hogar, comprenderán que ese hogar es el lugar de unificación.

Prepararse para la soledad. Ésa es la ley. Cuando el hombre se desliga de todo lo que concierne a sus cuerpos físico, astral y mental, y se centraliza en el ego, sobreviene una separación temporaria que debe soportar y trascender y lo conduce posteriormente a establecer un vínculo más estrecho con todos los que están asociados con él, debido al karma contraído en vidas pasadas, al trabajo grupal y a la actividad desplegada por el discípulo (llevada a cabo casi inconscientemente al principio), al reunir a aquellos a través de quienes deberá trabajar más tarde.

Cultivar la felicidad, sabiendo que la depresión, la investigación excesivamente morbosa del móvil y la exagerada susceptibilidad a la crítica ajena, llevan a un estado en que el discípulo se hace casi inútil. La felicidad se basa en la confianza en el Dios interno, en una justa apreciación del tiempo y en el olvido de sí mismo. Tomar lo bueno y utilizarlo como verdades para difundir alegría y no rebelarse contra la felicidad y el placer del servicio prestado, creyendo que indica que algo no anda bien. El sufrimiento sobreviene cuando el yo inferior se rebela. El yo inferior controlado y la eliminación del deseo, traen alegría.

Tener paciencia. La resistencia es una de las características del ego. El ego persiste porque sabe que es inmortal. La personalidad se desalienta porque sabe que el tiempo es corto.

Al discípulo no le ocurre nada que no esté previsto en el plan, y cuando el móvil y la única aspiración del corazón es llevar a cabo la voluntad del Maestro y servir a la raza, lleva en sí la simiente de la próxima empresa y también produce el clima necesario para el siguiente paso. Esto aclara muchas cosas, y se hallará aquello de lo cual el discípulo puede depender cuando se nubla la visión, y el grado de vibración es inferior a lo que debe ser, ofuscándose el razonamiento por los miasmas surgidos de las circunstancias del plano físico. Muchas cosas que aparecen en el cuerpo astral están basadas, en la mayoría, en antiguas vibraciones, y no tienen fundamento real; la lucha consiste en controlar de tal forma la situación astral, que de nuestras ansiedades y preocupaciones presentes, surjan la confianza y la paz, y de la acción e interacción violentas, provenga la tranquilidad.

Es posible alcanzar ese punto donde nada de lo que ocurre altera la calma interna, donde se reconoce y experimenta la paz que trasciende toda comprensión, porque la conciencia está centrada en el ego, que es la paz misma, y constituye el círculo de la vida búdica; donde se conoce y siente el aplomo y reina el equilibrio, porque el centro de vida reside en el ego, que en esencia es equilibrio; donde prevalece la serena e inconmovible calma y el divino Conocedor empuña las riendas del gobierno y no permite las perturbaciones del yo inferior; donde se alcanza la beatitud, que no está basada en las circunstancias de los tres mundos, sino en la comprensión interna de la existencia separada del no‑yo, existencia que persiste cuando dejan de existir el tiempo y el espacio y todo cuanto contienen; esto se conoce cuando se experimentan, trascienden y trasmutan, las ilusiones de los planos inferiores, lo cual perdura cuando el pequeño mundo del esfuerzo humano se ha disipado y desaparecido y se lo considera inexistente, estando basado en el Conocimiento del YO SOY ÉSE.

Tal actitud y experiencia pueden ser llevadas a cabo por quienes persisten en su elevado esfuerzo, y a nada dan valor, con tal de alcanzar la meta, perseverando a través de las circunstancias, con los ojos fijos en la visión futura y los oídos atentos a la Voz del Dios interno, que resuena en el silencio del corazón; los pies firmemente asentados en el sendero que conduce al Portal de la Iniciación; las manos extendidas para ayudar al mundo, y toda la vida subordinada al llamado del servicio. Entonces, todo cuanto llega es para bien ‑enfermedad, oportunidad, éxito y desengaños, burlas y maquinaciones de los enemigos, incomprensión de los que amamos‑, todo existe y debe utilizarse sólo para ser trasmutado. Como se verá, lo más importante es la continuidad de visión, la aspiración y el contacto internos. Lo que debe lograrse es esa continuidad, no por las circunstancias sino a pesar de ellas.

A medida que el aspirante progresa, no sólo equilibra los pares de opuestos, sino que le es revelado el secreto del corazón de su hermano. Se lo reconoce como una fuerza en el mundo, se lo aprecia como individuo y en él se confía que pueda prestar servicio. Los hombres recurren a él para ser ayudados, pues reconoce la actividad que desempeña, entonces emite su nota para ser oída en las filas dévicas y humanas. Lo logra en esta etapa mediante la pluma, la literatura, la palabra hablada, conferencias y enseñanzas y también la música, la pintura y el arte. Llega así al corazón de los hombres por cualesquiera de estos caminos, y se convierte en auxiliar y servidor de su raza. Mencionaré también otras dos características de esta etapa:

El aspirante conoce el valor oculto del dinero en el servicio. No busca nada para sí, excepto aquello que puede equiparlo para realizar el trabajo, considerando el dinero y lo que el dinero procura, como algo que debe ser empleado para los demás, y como medio para lograr la fructificación de los planes del Maestro, tal como él los percibe. Muy poco es comprendida la significación oculta del dinero, sin embargo, una de las grandes pruebas para determinar el lugar que ocupa el hombre en el sendero de probación, concierne a su actitud y al manejo de lo que todos los hombres buscan con el fin de satisfacer sus deseos. Quien nada desea para sí puede ser el receptor de la abundancia financiera y el distribuidor de las riquezas del universo. Por el contrario, si aumenta su riqueza, le acarrea dolor y angustia, descontento y perversión.

En esta etapa, la vida del aspirante se convierte también en instrumento de destrucción en el sentido oculto del término. La fuerza que fluye a través de él, procedente de los planos superiores y de su Dios interno, produce a veces resultados peculiares sobre su medio ambiente y dondequiera que vaya, porque actúa como estímulo, tanto para el bien como para el mal. Los pitris lunares o pequeñas vidas, que constituyen los cuerpos de sus hermanos y su propio cuerpo, son análogamente estimulados, acrecentada su actividad e intensificado grandemente su poder. Esto es utilizado por quienes trabajan en el aspecto interno, para lograr ciertos fines deseados, y con frecuencia causa la caída temporaria de las almas avanzadas. No pueden resistir la fuerza que afluye o desciende a ellas, y debido al sobreestímulo temporario de sus centros y vehículos, sufren un colapso. Esto sucede en los grupos y en los individuos, pero, a la inversa, si los señores lunares o vidas del yo inferior, han sido previamente sometidas y controladas, entonces el efecto de la fuerza y de la energía recibida sirve para estimular la respuesta de la conciencia del cerebro físico y de los centros de la cabeza, al contacto egoico. Así, la fuerza que de otro modo sería destructiva, se convierte en factor benéfico y en útil estímulo, pudiendo ser utilizada por los Conocedores, a fin de conducir a los hombres hacia una mayor iluminación.

Todos estos pasos deben llevarse a cabo en los tres planos inferiores y en los tres cuerpos, y esto lo hacen de acuerdo a su rayo y subrayo particulares. De este modo el discípulo lleva a cabo el trabajo y recibe su prueba y entrenamiento. Así es conducido -mediante la correcta dirección de la energía y la manipulación inteligente de las corrientes de fuerza- al Portal de la Iniciación, y pasa del Aula del Aprendizaje al Aula de la Sabiduría, donde gradualmente se hace "consciente" de fuerzas y poderes latentes en su propio ego y en el grupo egoico; entonces puede utilizar la fuerza de ese grupo y puede confiársele su manejo, únicamente para ayudar a la humanidad; así ‑después de la cuarta iniciación‑ participa de la energía del Logos planetario, encomendándosele una parte de la misma, que lo capacita para llevar adelante los planes del Logos planetario para la evolución.

Debe recordarse que los discípulos de primer rayo comprenden el discipulado en términos de, energía, fuerza o actividad, mientras que los discípulos de segundo rayo, en términos de conciencia o iniciación. A esto se debe la divergencia en las expresiones comunes y la falta de comprensión entre los pensadores. Sería de utilidad expresar la idea del discipulado basándose en los distintos rayos, queriendo significar con ello el discipulado, manifestado como servicio en el plano físico:

1er.   Rayo        Fuerza              Energía             Acción          El ocultista

2do.  Rayo       Conciencia        Expansión          Iniciación     El verdadero síquico

3er.   Rayo       Adaptación        Desarrollo         Evolución    El mago

4to.   Rayo       Vibración          Respuesta          Expresión    El artista

5to.   Rayo       Mentalidad        Conocimiento   Ciencia        El científico

6to.   Rayo       Devoción           Abstracción       Idealismo    El devoto

7mo. Rayo       Encantamiento   Magia                Ritual           El ritualista

Recuerden que aquí nos ocupamos de los discípulos. A medida que éstos progresan, las diversas líneas se aproximan y fusionan. Todos han sido alguna vez magos, pues han pertenecido al tercer rayo. El problema se refiere ahora al místico y al ocultista, y a su síntesis final. Un estudio cuidadoso de lo antedicho, conducirá al reconocimiento de las dificultades que surgen entre los pensadores y los discípulos de todos los grupos, y consisten en su identificación con alguna forma y en su incapacidad de comprender los diferentes puntos de vista de los demás. A medida que transcurra el tiempo y entren en más estrecha relación con los dos Maestros que les concierne (su Dios interno y su Maestro personal), desaparecerá su incapacidad para cooperar y fusionar sus intereses en bien del grupo, y en lugar de divergencia habrá comunidad de esfuerzo, similitud de objetivos y mutua colaboración. Debería reflexionarse sobre esto, pues contiene la clave de muchas cosas enigmáticas que para la mayoría son angustiosas.

CAPÍTULO IX

EL SENDERO DE LA INICIACIÓN

Después de un período breve o largo, el discípulo se encuentra ante el Portal de la Iniciación. Debe recordarse que, a medida que nos acercamos al Maestro y al Portal, se llega como dice el libro Luz en el Sendero: "con los pies bañados en la sangre del corazón". Cada paso trascendido se da mediante el sacrificio de todo lo que es querido por el corazón en algún plano, y este sacrificio debe ser siempre voluntario. Quien huella el sendero de probación y el de santidad, sabe el precio que debe pagar, ha reajustado el sentido de los valores y, por lo tanto, no juzga como lo hace el hombre mundano. Quien intenta "arrebatar el reino por la violencia", lo hace porque está preparado para el consiguiente sufrimiento. Quien considera que nada tiene valor excepto alcanzar la meta, está dispuesto a sacrificar su propia vida en la lucha para que predomine el yo superior sobre el yo inferior.

Las dos primeras Iniciaciones.

En la primera iniciación, el ego debe haber controlado en gran medida al cuerpo físico y vencido "los pecados de la carne", según la fraseología cristiana. No deben prevalecer la gula, el alcoholismo, ni el libertinaje, ni satisfacerse las exigencias del elemental físico; por lo tanto el control debe ser total y la tentación vencida. Debe mantenerse una actitud general y una fuerte disposición de obediencia al ego. Entonces el canal entre lo superior y lo inferior se expande, y la carne obedece prácticamente en forma automática.

El hecho de que no todos los iniciados estén sometidos a esta norma, quizás se deba a varias cosas, pero debe emitirse la nota de la rectitud; el reconocimiento de sus debilidades deben hacerlo sincera y públicamente, y conocerán la lucha entablada para adaptarse a las normas superiores, aunque no logren la perfección. Los iniciados pueden caer, y caen, incurriendo por consiguiente en el castigo de la ley, y también perjudicar, y perjudican, al grupo con su caída; en consecuencia, deben someterse al karma del reajuste, teniendo que expiar el daño mediante un servicio más prolongado, donde los miembros del grupo, aunque inconscientemente, aplican la ley. Su progreso se verá seriamente obstaculizado, y se perderá mucho tiempo en agotar el karma con las unidades perjudicadas. Debido al hecho de que un hombre es un iniciado y, por lo tanto, un medio para una fuerza muy acrecentada, sus desviaciones del recto sendero tienen más poderosos efectos que los de un hombre menos avanzado. Su premio y castigo serán igualmente mayores. Debe pagar inevitablemente el precio antes de permitírsele proseguir en el camino. Respecto al grupo perjudicado por él, ¿cuál debe ser su actitud? Reconocer la gravedad del error, aceptar inteligentemente los hechos, abstenerse de críticas poco fraternas e irradiar amor sobre el hermano pecador; todo esto, juntamente con cualquier acción, aclarará al público que tales pecados e infracciones a la ley no son perdonados. A esto se debe añadir la actitud mental del grupo implicado, que conducirá (mientras actúa con firmeza) al hermano equivocado a ver su error, cumplir su karma retribuidor y luego ser reincorporado a la consideración y respeto, después de hacer las debidas enmiendas.

No toda la gente se desarrolla en las mismas o paralelas líneas, por lo tanto, no es posible dictar reglas rígidas invariables, respecto al proceso exacto de cada iniciación, determinar qué centros deben ser vivificados o qué visión ser adjudicada. Mucho depende del rayo a que pertenece el discípulo, de su desarrollo en cualquier dirección (pues no todos suelen desarrollarse similarmente), de su karma individual y también de las exigencias de algún período especial. Sin embargo pueden hacerse muchas sugerencias: En la primera iniciación, o el nacimiento del Cristo, generalmente se vivifica el centro cardíaco, a fin de obtener un control más eficaz del vehículo astral y prestar un mayor servicio a la humanidad. Después de esta iniciación se enseña principalmente al iniciado lo concerniente al plano astral; debe estabilizar su vehículo emocional y aprender a actuar en el plano astral con la misma soltura y facilidad con que lo hace en el plano físico; debe entrar en contacto con los devas astrales; aprender a controlar a los elementales del astral; actuar con facilidad en los subplanos inferiores, y acrecentar el valor y la calidad de su trabajo en el plano físico. En esta iniciación pasa del Aula del Aprendizaje al Aula de la Sabiduría. Entonces se le da especial importancia al desarrollo astral, aunque su equipo mental se desarrolla constantemente. Muchas vidas transcurren entre la primera y segunda iniciaciones. Puede pasar un largo período de encarnaciones antes de perfeccionar el control del cuerpo astral y el iniciado estar preparado para el próximo paso. En forma interesante aparece en El Nuevo Testamento esta analogía en la vida del iniciado Jesús. Pasaron muchos años entre el Nacimiento y el Bautismo, pero en tres años dio los tres pasos restantes. Una vez pasada la segunda iniciación, el progreso es rápido; la tercera y cuarta iniciaciones seguirán probablemente en la misma vida o en la siguiente.

La segunda iniciación constituye la crisis del control del cuerpo astral. Así como en la primera iniciación se manifiesta el control del cuerpo físico denso, en la segunda se manifiesta análogamente el control del astral. El sacrificio y la muerte del deseo ha sido la finalidad del esfuerzo. El ego dominó al deseo, y sólo queda el anhelo de lo que es para beneficio del todo, de acuerdo a la voluntad del ego y del Maestro. El elemental astral es controlado, el cuerpo emocional se torna puro y límpido y va desapareciendo rápidamente la naturaleza inferior. Entonces el ego se aferra nuevamente a los dos vehículos inferiores y los somete a su voluntad. La aspiración y anhelo de servir, amar y progresar, llegan a ser tan intensos, que por lo general se observa un desarrollo muy rápido. Esto explica por qué, esta iniciación y la tercera, se suceden con frecuencia (aunque no invariablemente) en una misma vida. En este período de la historia del mundo se ha dado tal estímulo a la evolución, que las almas aspirantes ‑al sentir la angustiosa y perentoria necesidad de la humanidad‑ sacrifican todo a fin de satisfacer esa necesidad.

Además, no debe incurrirse en el error de creer que todo esto sigue invariable y consecutivamente los mismos pasos y etapas. Mucho se realiza al unísono y simultáneamente, porque el esfuerzo en ejercer control es lento y penoso, pero en el intervalo entre las tres primeras iniciaciones debe lograrse y mantenerse una etapa definida en la evolución de cada uno de los tres vehículos inferiores, antes de ser posible una mayor expansión, sin peligro, del canal. Muchos actúan en los tres cuerpos, a medida que huellan el sendero de probación.

Si en esta iniciación se sigue el curso común (lo que no es del todo seguro) se vivifica el centro laríngeo. Esto desarrolla la capacidad de aprovechar las adquisiciones de la mente inferior en servicio del Maestro y ayuda al hombre; otorga la habilidad de dar y expresar aquello que constituirá una ayuda, posiblemente a través de la palabra hablada, pero indefectiblemente al prestar algún tipo de servicio. Acuerda una visión de las necesidades del mundo, y muestra otra parte del plan. Por lo tanto, el trabajo que se debe realizar antes de recibir la tercera iniciación es sumergir totalmente el punto de vista personal en las necesidades del todo, lo que implica el total dominio de la mente concreta por el ego.

Las dos Iniciaciones siguientes.

La enseñanza asciende de nivel después de la segunda iniciación. El iniciado aprende a controlar su vehículo mental, desarrolla la capacidad de manejar materia mental y aprende las leyes para construir pensamientos creadores. Actúa libremente en los cuatro subplanos inferiores del plano mental; antes de la tercera iniciación debe, consciente o inconscientemente, dominar totalmente los cuatro subplanos inferiores, en los tres planos de los tres mundos. Profundiza el conocimiento del microcosmos y en gran medida domina teórica y prácticamente las leyes de su propia naturaleza, de allí su habilidad experimental para ser el amo de los cuatro subplanos inferiores de los planos físico, astral y mental. Esto último es sumamente interesante. El control de los tres subplanos superiores todavía no es completo, y constituye una de las razones de los fracasos y errores de los iniciados. Aún no han perfeccionado el dominio de la materia en los tres subplanos superiores, porque no han sido dominados.

En la tercera iniciación, denominada a veces la Trasfiguración, la entera personalidad queda anegada por la luz descendente. Después de esta iniciación la mónada guía definitivamente al ego, derramando acrecentadamente su divina vida en el canal ya preparado y purificado. De la misma manera, en la tercera cadena lunar, el ego individualizó a la personalidad por medio del contacto directo, método diferente del de la individualización, tal como se demuestra en la cuarta cadena actual. Si aplicamos aquí la Ley de Correspondencia podría demostrar ser muy reveladora una interesante analogía entre los métodos de la individualización en las diversas cadenas, y las expansiones de conciencia que tienen lugar en las diferentes iniciaciones.

Nuevamente se le otorga al iniciado una visión del porvenir, y está siempre en condición de reconocer a los otros miembros de la Gran Logia Blanca, siendo estimuladas sus facultades síquicas mediante la vivificación de los centros de la cabeza. Hasta no haber pasado esta iniciación no es necesario ni aconsejable desarrollar las facultades sintéticas o la clariaudiencia y clarividencia. La finalidad de todo el desarrollo consiste en el despertar de la intuición espiritual; una vez lograda, cuando el cuerpo físico es puro, el cuerpo astral estable y firme y el cuerpo mental controlado, entonces el iniciado podrá manejar sin peligro y utilizar inteligentemente las facultades síquicas para ayudar a la raza. No sólo podrá utilizar estas facultades, sino que será capaz de crear y vivificar formas mentales claras y bien definidas, que vibren con espíritu de servicio, sin estar controladas por la mente inferior o el deseo. Estas formas mentales no serán (como las creadas por la mayoría de los hombres) formas sin cohesión, relación ni unión, sino que alcanzarán un alto grado de síntesis. Arduo e incesante será el trabajo, antes de poder realizarse esto, pero una vez estabilizada y purificada la naturaleza de deseos, no resultará difícil el control del cuerpo mental. De ahí que el sendero del devoto sea más fácil en ciertos aspectos que el del intelectual, pues ha aprendido a medir el deseo purificado y a progresar mediante las etapas requeridas.

La personalidad alcanza así una etapa donde sus vibraciones son de un orden muy elevado y la materia de sus tres cuerpos relativamente pura; donde capta el trabajo que debe realizar en el microcosmos y es muy avanzada la parte que debe desempeñar en el macrocosmos. Por lo tanto se evidencia por qué el Sumo Hierofante, el Señor del Mundo, es el oficiante sólo a partir de la tercera iniciación. Entra por primera vez en contacto con el iniciado. No era posible antes. En las dos primeras iniciaciones el Hierofante es el Cristo, el Instructor del Mundo, el Primogénito entre muchos hermanos, el primero de nuestra humanidad que recibió la iniciación. Browning expresa bellamente este pensamiento en las palabras de su poema "Saúl”

........................................................ Será

Una faz como mi faz la que te reciba; un Hombre

como yo.

Amarás y serás por siempre amado;

Una mano como ésta

Te abrirá las puertas de una nueva vida.

                        ¡Contempla al Cristo!

Pero cuando el iniciado realiza un mayor progreso y ha pasado dos iniciaciones, se efectúa un cambio. El Señor del Mundo, el Anciano de los Días, el inefable Regente Mismo, confiere la tercera iniciación. ¿Por qué? Porque él cuerpo físico plenamente consagrado, puede soportar sin peligro las vibraciones de los otros dos cuerpos cuando vuelven a su refugio, al retornar de la Presencia del REY; porque ahora el cuerpo astral purificado y el mental controlado, pueden permanecer sin peligro ante ese REY. Logrados tal purificación y control, permanecen allí, y por primera vez vibran conscientemente de acuerdo al rayo de la mónada; entonces, con los cuerpos preparados, puede alcanzarse y conferirse la capacidad de ver y oír en todos los planos, y emplearse sin riesgos la facultad de leer y entender los archivos, pues a mayor conocimiento, mayor poder. El corazón es suficientemente puro y amoroso y el intelecto bastante estable para soportar la tensión de conocer.

Antes de recibir la cuarta iniciación se intensifica el trabajo de entrenamiento, y la aceleración y acumulación de conocimiento debe ser increíblemente rápida. A menudo el iniciado tiene acceso a la biblioteca de libros esotéricos, y después de esta iniciación no sólo puede entrar en contacto con el Maestro, al que está vinculado y con el cual ha trabajado conscientemente durante largo tiempo, sino también con los Chohanes, el Bodhisattva y el Manu, ayudándolos en cierta medida.

Además, debe captar intelectualmente las leyes de los tres planos inferiores y aplicarlas para ayudar al plan de la evolución; estudiar los planos cósmicos y dominar sus gráficos; llegar a ser un conocedor de las técnicas esotéricas, y desarrollar la visión cuatridimensional, si aún no lo ha hecho. Debe aprender a dirigir las actividades de los devas constructores, y al mismo tiempo trabajar continuamente en el desarrollo de su naturaleza espiritual; empezar a coordinar rápidamente el vehículo búdico y, al coordinarlo, desarrollar el poder de síntesis, al principio en pequeña medida y gradualmente en forma más detallada.

Al recibir la cuarta iniciación, el iniciado domina perfectamente el quinto subplano, por lo tanto, es un adepto (usando el término técnico) en los cinco subplanos inferiores de los planos físico, astral y mental, y está en camino de dominar el sexto. Su vehículo búdico puede actuar en los dos subplanos inferiores de tal plano.

El hombre que recibe la cuarta iniciación, la Crucifixión, suele tener una vida de gran sacrificio y sufrimiento. Es la vida del hombre que hace la Gran Renunciación, y que aún exotéricamente es considerada difícil, intensa y penosa. Todo lo abandona, hasta su perfecta personalidad misma, sobre el altar del sacrificio, y queda despojado de todo. Renuncia a amigos, dinero, reputación, carácter, posición, familia y hasta a la vida misma.

Las Iniciaciones finales.

Después de la cuarta iniciación, no queda mucho por hacer, El dominio del sexto subplano prosigue rápidamente, y se coordina la materia de los subplanos superiores al búdico. Al iniciado se le permite tener una más íntima fraternidad en la Logia, y su contacto con los devas es más completo. Va agotando rápidamente los recursos del Aula de Sabiduría, y dominando los más intrincados planes y gráficos. Se hace muy versado en la significación del color y del sonido; puede manejar la ley en los tres mundos y hacer contacto con su mónada, con más libertad que la mayoría de la raza humana con sus egos. Tiene también a su cargo gran trabajo; enseña a muchos discípulos; ayuda en muchos planes, y reúne bajo su dirección a quienes deben ayudarlo en el futuro. Esto se refiere únicamente a los que se quedan para ayudar a la humanidad en este globo. Más adelante nos ocuparemos de algunas líneas de trabajo que se extienden ante el adepto, si trasciende el servicio en la tierra.

Después de la quinta iniciación, el hombre se ha perfeccionado en lo que se refiere a este esquema, aunque si lo desea puede recibir otras dos iniciaciones. Para recibir la sexta iniciación, el adepto debe hacer un curso muy intenso de ocultismo planetario. Un Maestro aplica la ley en los tres mundos, mientras que un Chohan de la sexta iniciación, lo hace en la cadena en todos los niveles. Un Chohan de la séptima iniciación aplica la ley en el sistema solar.

       Se evidencia que el estudiante que investiga estos asuntos, hallará muchas cosas que le atañen personalmente, aunque la ceremonia en sí puede aún estar muy lejos. Mediante el estudio del proceso y del propósito, puede darse cuenta del gran hecho fundamental, de que el método de la iniciación es:

Los iniciados, desde los de más humilde grado, que por primera vez hacen contacto con determinado tipo de fuerza especializada, hasta el emancipado Buda de séptimo grado, manejan energía de algún tipo. Las etapas de desarrollo por las que debe pasar el aspirante podrían ser aquellas en que:

·       Se da cuenta, a través del discernimiento, de la energía o fuerza de su propio yo inferior.

·       Impone a ese ritmo energético otro superior, hasta que ese ritmo inferior es suplantado por el superior, y el antiguo método de expresión de la energía desaparece totalmente.

·       Se le permite, por la gradual expansión del conocimiento, hacer contacto y ‑guiado‑ aplicar ciertas formas de energía grupal, hasta el momento en que se capacita científicamente para manejar fuerza planetaria. El lapso que abarca esta etapa final depende por completo del progreso realizado en servicio de su raza y del desarrollo de los poderes del alma, secuencia natural del desenvolvimiento espiritual.

La aplicación del Cetro de la Iniciación por el Bodhisattva, en las dos primeras iniciaciones, capacita al iniciado para lograr el control y la utilización de la fuerza del yo inferior, la verdadera energía santificada de la personalidad dedicada al servicio; en la tercera iniciación, la aplicación del Cetro por el único Iniciador, pone a disposición, más ampliamente, la fuerza del yo superior o ego, y activa en el plano físico toda la energía acumulada en el vehículo causal durante numerosas encarnaciones. En la cuarta iniciación puede utilizar la energía de su grupo egoico en bien de la evolución planetaria, y en la quinta dispone de la fuerza o energía del planeta (esotéricamente comprendida y no simplemente como fuerza o energía del mundo material). Durante las cinco iniciaciones, estos dos grandes Seres, el Bodhisattva primero y luego el Iniciador Uno, el Señor del Mundo y Sanat Kumara, son sucesivamente los administradores o hierofantes. Después de estas ceremonias, si el iniciado decidiera recibir las dos iniciaciones finales que puede recibir en nuestro sistema solar, entra en actividad un tipo superior de energía, expresión del Yo Uno, que sólo podemos insinuar. En la séptima iniciación, ese Ser, de Quien Sanat Kumara es la manifestación, el Logos de nuestro esquema en Su propio plano, Se convierte en el Hierofante. En la sexta iniciación, la expresión de esta Existencia en un plano intermedio, un Ser que debe permanecer innominado, empuña el Cetro y administra el juramento y el secreto. En estas tres manifestaciones de gobierno jerárquico ‑Sanat Kurnara en la periferia de los tres mundos, el Ser innominado en los confines de los altos planos de la evolución humana, y el mismo Espíritu planetario en la etapa final tenemos las tres grandes manifestaciones del Logos planetario. En la grande y final iniciación afluye, a través del Logos planetario, el poder del Logos solar, el cual revela al iniciado que lo Absoluto es la conciencia en su máxima expresión, aunque en la etapa de la existencia humana debe considerarse al Absoluto como inconsciencia.

Cada una de las iniciaciones mayores es sólo la síntesis de las menores, y únicamente cuando el hombre trata de expandir su conciencia en los asuntos de la vida diaria, puede esperar alcanzar esas etapas posteriores que sólo son la culminación de muchas anteriores. Los estudiantes deben desechar la idea de que, siendo "muy buenos y altruistas", algún día se hallarán repentinamente ante el Gran Señor. Anteponen el efecto a la causa. La bondad y el altruismo brotan de la comprensión y del servicio, y la santidad de carácter es la manifestación de las expansiones de conciencia que el hombre logra en sí mismo, por medio de intensos esfuerzos. Por lo tanto, aquí y ahora, el hombre puede prepararse para la iniciación, pero no acentuando el aspecto ceremonial, como muchos hacen con anticipada emoción, sino trabajando sistemática y perdurablemente en el constante desarrollo del cuerpo mental, por un proceso arduo e intenso a fin de controlar el cuerpo astral, de modo que responda a las tres vibraciones que provienen, del Ego, del Maestro, de las vibraciones de los hermanos que lo circundan. Llega a ser sensible a la voz de su yo superior, agotando así el karma bajo la inteligente guía de su propio ego. Se hace consciente, por medio de éste, de la vibración que emana de Su Maestro; aprende a sentirla cada vez más, y a responder a ella más plenamente; finalmente se hace cada vez más sensible a las alegrías, pesares y dolores de aquellos con quienes está diariamente en contacto; siente que son sus alegrías, pesares y dolores, sin embargo, no lo incapacitan.

CAPITULO X

UNIVERSALIDAD DE LA INICIACIÓN

En las enseñanzas esotéricas muchas veces se hace hincapié en que la iniciación, tal como se la entiende comúnmente, no es un proceso normal. Todo progreso en el reino de la conciencia se efectúa, lógicamente, mediante una serie de despertares, que deberían realizarse en forma mucho más gradual y abarcar un período más extenso, como sucede en las actuales condiciones planetarias. Este modo particular de desarrollar la conciencia en la familia humana, fue iniciado por la Jerarquía al final de la cuarta subraza de la raza raíz atlante, y continuará hasta mediados de la próxima ronda. Entonces se habrá proporcionado el necesario estímulo; tres quintas partes de la humanidad "habrán puesto esotéricamente los pies en el sendero", y un gran porcentaje de ella estará en camino de convertirse en el sendero mismo, retomando la rutina normal.

La Iniciación en los distintos Planetas.

El procedimiento para estimular a los egos humanos por medio de graduadas instrucciones, y la aplicación de la fuerza eléctrica dinámica del Cetro, se emplean actualmente en tres de los planetas de nuestro sistema. Se instituye en cada cuarta ronda, y su principal interés reside en que para la cuarta Jerarquía creadora, en cada cuarta cadena y cuarto globo, durante la cuarta ronda, la iniciación más importante es la cuarta, la Crucifixión. La cuarta Jerarquía creadora es la suma expresión de la voluntad consciente y el sacrificio del Logos solar, y el gran símbolo de la unión inteligente del espíritu y la materia. De ahí el lugar preeminente de la cuarta iniciación, con su presentación de las verdades cósmicas, y su síntesis del propósito de este sacrificio fundamental.

El estudiante debe recordar que los otros sistemas planetarios, aunque fundamentalmente son como nuestro esquema, difieren profundamente en su manifestación, debido a sus distintas características y al karma individual del Logos planetario o rayo encarnante. Estas diferencias afecta

·       El proceso iniciático, tanto en su aspecto altruista como en el ceremonial.

·       La aplicación del Cetro, pues el tipo de fuerza que personifica, cuando entra en conjunción con la fuerza diferenciada del tipo planetario, produce resultados de diversa naturaleza y grado.

·       Los períodos de la iniciación. Los egos encarnados de cualquier planeta serán o no fácilmente estimulados, según el tipo de rayo y las condiciones astrológicas. Esto traerá períodos de desarrollo más o menos prolongados, antes de cada iniciación o entre ellas.

·       Los fenómenos eléctricos producidos en los planos superiores, a medida que un mayor número de unidades humanas "fulguran" esotéricamente. Se debe tener presente que el sistema solar, con todo cuanto incluye, se expresa en términos de luz, y que el proceso de la iniciación puede ser, por lo tanto, considerado como aquel en que se estimulan los diferentes puntos de luz (o chispas humanas), se incrementa su radiación y temperatura y se amplía el radio de esfera de influencia de cada luz.

Los tres esquemas planetarios donde se está probando el gran experimento de la iniciación son: la Tierra, Venus y otro planeta. Venus fue la primera esfera para el experimento, y el éxito del esfuerzo y la fuerza generada, fueron la causa de un intento similar en nuestro planeta. Ningún planeta acrecienta su acumulación de fuerza y por consiguiente su esfera de influencia, sin incurrir en obligaciones y afectar a otros esquemas; el intercambio de fuerza y energía entre Venus y la Tierra es continuo. Un proceso similar tuvo lugar recientemente en otro esquema planetario, y cuando en la próxima ronda nuestra Tierra alcance una etapa en la evolución, análoga a la del esquema venusiano en la época en que su influencia fue sentida por nosotros, también ayudaremos a estimular a otro grupo de egos planetarios y a instituir un procedimiento similar en otro esquema, entre los hijos de los hombres.

En los tres grandes esquemas planetarios, de Neptuno, Urano y, Saturno, no se empleará el método de la iniciación. Serán los receptores de aquellos que se "salven" esotéricamente de los otros esquemas, es decir, que a todos los que en cualquier esquema logren las necesarias expansiones de conciencia (tales como las que logrará la mayoría de la familia humana antes de la mitad del próximo ciclo o ronda), se los considerará "salvados", mientras que al resto se los considerará fracasados y serán retenidos para un mayor desarrollo en períodos posteriores, o transferidos a esos esquemas planetarios que, desde el punto de vista del tiempo, no estén tan avanzados como nuestro esquema terrestre. Esos tres esquemas mayores son los que absorben y sintetizan la energía de los demás.

La Iniciación y los Devas.

Quizás se pregunten si los devas reciben iniciaciones; este punto podríamos tratarlo brevemente.

La iniciación tiene que ver con el desenvolvimiento consciente del yo y concierne al aspecto sabiduría del Yo Uno. Supone el desarrollo del principio inteligencia e implica que el ente humano capte el propósito y la voluntad y además que participe inteligentemente mediante el amor y el servicio. Los devas, excepto los devas mayores que en previos ciclos pasaron por el reino humano y colaboran ahora en la evolución del hombre, no son aún conscientes de sí mismos. Progresan y evolucionan por medio de la expansión de realizaciones autoconscientes, autoiniciadas y autoimpuestas. La aspiración y el esfuerzo consciente, es lo más difícil de desarrollar en el sistema solar, pues no sigue la línea de menor resistencia, sino que trata de iniciar e imponer un ritmo superior. Los devas siguen la línea de menor resistencia y tratan de apropiarse y experimentar la vibración de las cosas tal como son, en la plenitud de sus sentimientos y sensaciones. Por lo tanto, el método para ellos es la progresiva intensidad en la apreciación del sentimiento actual, y no, como ocurre en el hombre, una depreciación progresiva de las cosas tal como son, o del aspecto material, que conduce al esfuerzo para alcanzar y abarcar en su conciencia la realidad subjetiva o las cosas del espíritu ‑en contraposición con la irrealidad objetiva o las cosas de la materia. Los devas tratan de sentir, mientras que los hombres desean conocer. En consecuencia, los devas no experimentan esas expansiones de conciencia que llamamos iniciaciones, excepto en el caso de los seres avanzados, que habiendo trascendido la etapa humana, sienten a la par que conocen y, según la ley de evolución, expanden su conocimiento en grado progresivo.

Influencias Cósmicas e Iniciaciones Solares.

Todo lo que se puede hacer aquí al tratar este tema tan profundo, es enumerar brevemente algunas de las influencias cósmicas que afectan en forma definida a nuestra Tierra, y producen en todas partes resultados en la conciencia de los hombres y, durante el proceso de la iniciación, ciertos fenómenos específicos como consecuencia.

La primera y principal energía o fuerza, es la que emana del sol Sirio. Si puede expresarse así, toda la energía del pensamiento o fuerza mental, llega al sistema solar procedente de un lejano centro cósmico, por mediación de Sirio, que actúa como transmisor o centro focal, desde donde emanan las influencias que producen en el hombre la autoconciencia. Durante la iniciación, por medio del Cetro de Iniciación (el cual actúa como transmisor subsidiario y como un potente imán), esta energía se intensifica momentáneamente, y es aplicada con enorme fuerza a los centros del iniciado. Si no fuera porque el Hierofante y los dos padrinos del iniciado la hacen pasar primeramente por sus propios cuerpos, el iniciado no la podría resistir. Este incremento de energía mental produce la ampliación y conocimiento de la verdad tal como es, siendo sus efectos duraderos. Primeramente se siente en el centro laríngeo, el gran órgano de creación por medio del sonido.

Otro tipo de energía le llega al hombre procedente de las Pléyades, pasando a través del esquema venusiano, así como la energía del esquema siriano pasa por el saturnino. Tiene definido efecto sobre el cuerpo causal y estimula el centro cardíaco.

Al iniciado se le aplica un tercer tipo de energía, que afecta su centro coronario y emana de una de las siete estrellas de la Osa Mayor, cuya vida animadora mantiene la misma relación con nuestro Logos planetario, que la del ego con el ser humano. Esta energía es por lo tanto séptuple y difiere según el tipo de hombre y el rayo a que pertenece.

No es posible revelar aquí el orden de aplicación de los distintos tipos de energía ni decir en qué iniciación el hombre se pone en contacto con aquéllos.  Estos hechos involucran los secretos de los misterios y no es conveniente revelarlos. Otros tipos de fuerza provenientes de ciertos esquemas planetarios, lo mismo que desde centros cósmicos, son puestos en acción por el iniciador y trasmitidos por medio del Cetro a los distintos centros, de los tres vehículos del iniciado: mental, astral y etérico. En la cuarta iniciación un especializado tipo de fuerza, procedente de un centro cuyo nombre debe permanecer innominado, es aplicado al cuerpo causal del hombre, siendo una de las causas de su desintegración final.

Al reflexionar sobre el tema de la realización de los hijos de los hombres, debe reconocerse que el género humano completa una unificación tras otra; los "Hombres celestiales" son integrados en los niveles intuitivos y espirituales, y a su vez constituyen los centros de los grandes "Hombres celestiales" en el sistema solar. Estos siete Hombres celestiales en cuyos cuerpos encuentran su lugar cada mónada humana y deva, forman los siete centros del cuerpo del Logos, el cual a su vez constituye el centro cardíaco (porque Dios es amor) de una entidad aún superior. La consumación para quienes pertenecen a este sistema solar, ocurrirá cuando el Logos reciba Su quinta iniciación. Cuando los hijos de los hombres alcancen la quinta iniciación, Él llegará a Su meta. Éste es para nosotros un incomprensible y gran misterio.

 

 

 

 

 

 
 

 

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